Ana Herrera, psicóloga de Fampa 4 Culturas: “no son cosas de niños; el bullying no es un conflicto puntual”
Hablamos con las expertas de Fampa 4 Culturas sobre el bullying y como combatirlo. Señales, programas de intervención y una responsabilidad compartida por todo el entorno de los menores.
Ceuta se unía este martes a la huelga estudiantil contra el acoso escolar. Una convocatoria en la que, como en otros muchos puntos del país, se pedía justicia para Sandra Peña, la adolescente de 14 años que se quitaba la vida en Sevilla incapaz de soportar ni un día más el acoso escolar al que era sometida en el colegio.
Un caso que ha conmocionado a la sociedad y que ha vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de poner el foco en lo que sucede en las aulas, unos espacios que deberían ser seguros para todos los menores pero que, sin embargo, para algunos de ellos, acaban convirtiéndose en su peor pesadilla. Una situación sobre la que desde la FAMPA 4 Culturas invitan a reflexionar, poniendo sobre la mesa los recursos que ofrecen tanto a centros escolares como a familias para evitar que situaciones de este tipo se den en nuestras escuelas.
Una educación inclusiva
Y es que, tal y como nos explica Sofía Ortega Rosado, coordinadora de FAMPA 4 Culturas y psicóloga sanitaria, la entidad se ha consolidado en los últimos años como una organización clave en la defensa de una educación inclusiva, participativa y de calidad en Ceuta. Nacida en 2020, en plena pandemia, su trayectoria, aunque relativamente corta, ha estado marcada por un fuerte compromiso con el alumnado más vulnerable y con las familias que demandan atención integral en los ámbitos educativo, social y sanitario.
Así, desde sus inicios han apostado, explica, “por una atención integral que contemple no solo lo educativo, sino también lo social y lo sanitario”. Para ello, FAMPA 4 Culturas cuenta con un equipo transdisciplinar integrado por educadoras sociales, psicólogas sanitarias, logopedas, integradoras sociales, maestras de pedagogía terapéutica y mediadores, entre otros profesionales. Una diversidad que “nos permite abordar la realidad del alumnado desde una perspectiva global, cubriendo las necesidades socioeducativas, sanitarias y familiares”.
En este sentido, desde su creación, FAMPA 4 Culturas ha impulsado proyectos como el de Estimulación Temprana y ha puesto en marcha los Encuentros Familiares, unos espacios de diálogo con padres y madres, pero no solo con ellos, también con otros miembros de la familia, en los que se abordan temas relacionados con el desarrollo infantil, los trastornos del aprendizaje o la convivencia escolar. Y fue, precisamente, en estos Encuentros Familiares, en los que se atiende la demanda de formación de las familias, donde surgió la idea de crear el Programa de Prevención e Intervención en Bullying y Ciberbullying.
Prevención e intervención ante el acoso escolar
Así, el Programa de Prevención e Intervención en Bullying y Ciberbullying, coordinado por la también psicóloga sanitaria Ana Herrera, está subvencionado por la Consejería de Servicios Sociales y Sanidad a través del IRPF, y trabaja en dos líneas clave: de un lado, la puesta en marcha de talleres de sensibilización en centros educativos y, de otro, la atención psicológica directa en la sede de FAMPA 4 Culturas a los alumnos que se hayan visto involucrados en este tipo de situaciones.
Las charlas, nos cuenta Ana Herrera, se desarrollan en las aulas tanto de Primaria como de Secundaria, “desde los seis hasta los dieciséis años”, adaptándose a las necesidades de cada grupo. “Las mañanas las dedicamos a talleres en centros escolares y las tardes a intervenciones individuales y familiares en nuestra sede”, explica, recordando una característica clave de este programa: el servicio es totalmente gratuito y también se ofrece formación a padres, madres y tutores legales.
Detectar los casos en el aula
El caso de Sandra Peña ha reabierto el debate en nuestro país sobre el bullying y el ciberbullying, poniendo el foco en diferentes aspectos, entre ellos el papel del centro escolar y las dudas sobre si la situación por la que estaba atravesando la adolescente podía haber sido detectada en el aula. Sin entrar a valorar este caso concreto, pero sí dando respuesta a la pregunta sobre si es sencillo detectar este tipo de comportamientos de abuso, las expertas de FAMPA 4 Culturas coinciden al señalar que “el profesorado tiene una carga de trabajo importante y no siempre dispone de herramientas especializadas. Por eso insistimos en la necesidad de que programas como el nuestro complementen la labor educativa y sirvan de apoyo a docentes y familias”.
Herramientas con las que ellas, como profesionales, cuentan y que en el caso de Herrera, encargada de ofrecer esas charlas en los colegios, le permiten realizar un análisis de las dinámicas del grupo y del comportamiento de los estudiantes, algo que no siempre resulta sencillo. “En muchas ocasiones, los acosadores intentan sabotear las charlas porque se sienten aludidos”, explica, señalando, sin embargo, que “basta observar el lenguaje corporal para identificar tanto a las víctimas como a quienes ejercen el acoso”. El problema, insiste, es que “muchos tutores no cuentan con la formación suficiente para reconocer las señales de alerta”.
¿Hay un perfil de víctimas y acosadores?
Tal y como señala Herrera a Ceuta Televisión, no hay un perfil concreto de niños que puedan ser víctimas de acoso escolar, si bien es verdad que, aunque FAMPA 4 Culturas interviene con menores de entre 6 y 16 años, los casos que están detectando se centran en el rango de edad de entre los 11 y los 16. Respecto a los usuarios que reciben en las intervenciones que realizan en su sede, señala que la mayor parte son víctimas, pues “a los acosadores les cuesta venir”.
Y es que, insisten desde FAMPA 4 Culturas, si bien su prioridad son las víctimas de este acoso, el comportamiento de los acosadores también debe ser abordado. Se trata, insisten, de un comportamiento disruptivo que puede repetirse en otras ocasiones y contra otras personas, por lo que el abordaje integral del problema requiere trabajar también con estos acosadores que, han explicado, los estudios señalan que en un porcentaje elevado “en algún momento de su vida fueron víctimas” en alguna de sus relaciones sociales.
Ana Herrera advierte, además, de un tipo de víctima al que es necesario prestar atención: la denominada “víctima activa”, que son “aquellos chicos de clase que parecen disruptivos, que tienen salidas de tono, reacciones desproporcionadas de ira o de enfado, y a los que el profesor regaña continuamente”. En estos casos, explica la psicóloga, “hay un acosador o varios acosadores que, a escondidas, están echando leña al fuego a través de insultos, risas o burlas, de los que el profesor normalmente no se da cuenta y la víctima salta de la peor manera”.
La observación de las familias, clave
El papel de las familias es clave también a la hora de detectar posibles casos de acoso escolar, de ahí que tanto Sofía Ortega como Ana Herrera insistan en la importancia de la observación del comportamiento de los menores. “El cambio de comportamiento es la señal más evidente”, apunta Herrera. “Si un niño deja de dormir bien, pierde el apetito, baja el rendimiento escolar o se aísla socialmente, hay que actuar”.
Una serie de cambios que, en muchas ocasiones, especialmente en las edades en que estos casos de acoso escolar se hacen más evidentes, pueden atribuirse a la adolescencia, pero que, en cualquier caso, deben hacer encender la alarma. “Los padres deben mantener una relación de confianza con sus hijos para que se sientan seguros al contar lo que les ocurre”, insiste la psicóloga, que señala además que ante cualquier sospecha lo adecuado es consultar con el tutor o el orientador y, si fuera necesario, solicitar la apertura del protocolo de acoso escolar.
“Los protocolos están para investigar y mejorar el clima del aula, no para señalar culpables”, aclara Herrera. “Y debemos desterrar la idea de que son cosas de niños; el acoso escolar no es un juego ni un conflicto puntual”, insiste. Es una agresión que va minando la confianza de la víctima y apartándola de su entorno, haciendo irrespirable para ella el ambiente escolar.
En este sentido, insisten las especialistas, es responsabilidad de todos velar por poner pie en pared respecto a estos casos: de los docentes, de los padres, pero también de todo el entorno del menor, desde los amigos que ven cómo se le tira de la mochila o se le pone la zancadilla, hasta los vecinos que pueden observar cómo el menor acosado es perseguido hasta casa o acosado en las inmediaciones de su vivienda.
El caso de Sandra Peña pone el acoso en el foco
En relación con el reciente caso de Sevilla, que ha vuelto a poner en el foco el grave problema que supone el acoso escolar, ambas profesionales han querido, en primer lugar, trasladar su pesar al círculo de la joven Sandra Peña, reflexionando sobre la necesidad de una mayor implicación social. “Es una pérdida terrible para su familia, sus amigos y para todos como sociedad”, expresa Herrera. “Casos como el de Sandra nos deben hacer reaccionar. El acoso muchas veces empieza con pequeños gestos —una zancadilla, una burla, un empujón— que se normalizan hasta volverse insoportables para la víctima”.
Un caso que ha terminado en tragedia y en el que se abre otro elemento para el debate: la exposición mediática y digital de este tipo de sucesos. “Hay que tener mucho cuidado con lo que se difunde en redes, porque se genera un juicio popular contra menores”, explica en referencia a las publicaciones que han proliferado en redes y en las que se muestra la foto de las presuntas acosadoras de la menor fallecida.
“No son cuentas oficiales, no sabemos cuál es la fuente”, explica la coordinadora de FAMPA 4 Culturas, que señala que el camino a tomar debería ser otro: “Nuestro trabajo es intervenir, apoyar y ofrecer herramientas, no señalar ni lapidar públicamente”.
Un caso que, señalan, al poner el foco sobre el acoso escolar, está motivando que se destapen otros, también en Ceuta. Desde su difusión, explican, han aumentado las llamadas al teléfono de atención exclusivo para bullying y ciberbullying de FAMPA 4 Culturas (615 82 31 01) y las consultas al correo apoyobullying@fampacuatroculturas.es
El Plan Nacional Contra el Acoso Escolar
Una FAMPA 4 Culturas que mantiene abiertas sus puertas para atender cualquier consulta en relación con este tema y con cualquier otro que pueda preocupar a las familias, y que pone el foco también en el trabajo que se está realizando desde la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE).
Así, las expertas destacan la implementación del Plan Nacional Contra el Acoso Escolar, que “tan buenos resultados está dando en los centros educativos”, mejorando incluso los del reconocido Plan Kiva, por adaptarse, explican, a la idiosincrasia de nuestro país, tan diferente a la de los países nórdicos donde se desarrolló el primero.
Un trabajo clave para combatir el acoso escolar, una lacra que, insisten las expertas, puede darse en cualquier aula, con cualquier tipo de alumnado, y que es necesario erradicar para lograr una convivencia escolar sana y entre iguales.