25 años al frente de Ceuta: estabilidad en tiempos de tormenta
Un cuarto de siglo después, la gestión de Juan Vivas deja un balance marcado por la estabilidad, la convivencia y la capacidad de resistencia en los momentos más difíciles de nuestra historia reciente
Veinticinco años no son una anécdota. Son una trayectoria. Son decisiones acertadas y errores inevitables. Son madrugadas sin dormir, presupuestos que cuadrar, crisis que afrontar y, sobre todo, una responsabilidad constante. Gobernar durante un cuarto de siglo no es habitual en democracia. Hacerlo en Ceuta, mucho menos.
Ceuta no es una ciudad cualquiera. Aquí todo se amplifica. Cada tensión exterior se siente con más intensidad. Cada sacudida tiene el doble de impacto. Y en ese contexto, la figura de Juan Vivas ha estado presente de forma ininterrumpida durante 25 años.
Le han tocado tiempos duros. La crisis económica que puso contra las cuerdas a miles de familias. La pandemia que paralizó el mundo y obligó a gobernar con la salud como prioridad absoluta. Y, especialmente, aquel mayo de 2021 que aún permanece en la memoria colectiva: miles de personas cruzando la frontera en cuestión de horas, una ciudad desbordada, el miedo instalado en los hogares y Ceuta en el foco internacional por una situación que nadie deseaba vivir.
En esos momentos no había espacio para el tacticismo. Tocaba estar. Y estuvo. Con su equipo, sí, pero asumiendo la responsabilidad de presidente de todos. Sin distinguir barrios, sin preguntar a quién vota cada cual. Con serenidad, firmeza y un mensaje claro: el interés de Ceuta está por encima de cualquier otra consideración.
Durante la pandemia, gobernar no fue solo gestionar números. Fue proteger vidas, sostener una economía frágil, mantener la cohesión social en medio de la incertidumbre. Decisiones difíciles, impopulares en ocasiones, pero inevitables. La gestión no fue perfecta —ninguna lo es—, pero hubo dirección, planificación y una voluntad constante de evitar fracturas.
El paso del tiempo tiende a suavizar los recuerdos. Hoy parece que aquellas semanas críticas quedaron atrás, como si fueran parte de un capítulo superado. Pero la ciudad no se rompió. Resistió. Y lo hizo, en buena medida, porque mantuvo una estabilidad institucional que no es menor cuando todo alrededor se tambalea.
Tras tantos años en el poder, habría sido fácil caer en la autocomplacencia o en el enfrentamiento permanente que tan bien cotiza en estos tiempos de ruido político. Sin embargo, Vivas ha mantenido un perfil de equilibrio. A veces incómodo para los extremos, pero coherente con una ciudad donde la convivencia no es un lema electoral, sino una necesidad diaria.
Se puede discrepar de decisiones concretas. Es legítimo y saludable. Pero si algo define estos 25 años es una forma de gobernar sin estridencias, con una defensa firme de la estabilidad, de la pertenencia institucional y de la convivencia entre comunidades. Gobernar para todos en Ceuta no es una frase bonita: es casi una condición de supervivencia.
Frente a quienes dibujan siempre un panorama oscuro, ha prevalecido la convicción de que esta ciudad tiene futuro si permanece unida. Que las divisiones nos debilitan y que las exclusiones nos empobrecen. Que el equilibrio, aunque menos vistoso, suele ser más eficaz.
El propio presidente valoraba sus 25 años al frente del Gobierno con una palabra: “humildad”. Pero se podría añadir una más, la de cercanía. No es extraño ver como los más pequeños se le acercan para pedirle un autógrafo o simplemente para saludarle. O como lo hace un trabajador del servicio de la limpieza se le acerca y el presidente detiene su paso para escucharle.
La Ceuta real —la que madruga, la que trabaja, la que convive sin preguntar de dónde viene el vecino— necesita dirigentes que comprendan su complejidad. Que sepan cuándo apretar y cuándo tender la mano. Que mantengan el pulso firme cuando soplan vientos fuertes.
La historia juzgará con perspectiva. Pero hoy, al hacer balance, hay una evidencia difícil de negar: sostener la estabilidad, defender la convivencia y mantener la serenidad en los peores momentos también es una forma de compromiso con esta tierra.
Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.