martes. 29.11.2022
HOMENAJE SÁNCHEZ PRADOS

Temprano levantó la muerte el vuelo...

Un año más, la figura del primer y último alcalde republicano de Ceuta ha vuelto a ser homenajeada en el aniversario de su fallecimiento. Ante la estatua de Antonio Sánchez Prados se ha depositado una corona de rosas por parte del presidente de la Ciudad, Juan Vivas, y las vicepresidentas de la Mesa Rectora de la Asamblea. Un homenaje a una de las figuras más queridas de la historia contemporánea de Ceuta

Reinaba la niebla junto a la Plaza de África, como posiblemente lo hiciera a primeras horas de otro cinco de septiembre. El de 1939, cuando un puñado de hombres derrotados, temerosos y sabedores de su destino afrontaban este como podían. Un grupo de personas, encabezadas por el alcalde Antonio Sánchez Prados, era fusilado en la playa de El Tarajal, la misma que tan luctuosas noticias nos ha ofrecido a golpe de cadáver devuelto por las aguas en los últimos años.

 

Un hombre que, recordemos, no quiso abandonar -pese a tener la posibilidad- la ciudad a la que había llegado apenas dieciseis años antes y de la que fue alcalde en dos ocasiones. Fue médico, masón, comunista... Elijan ustedes la 'versión' de Sánchez Prados que más les convenza. La que nos pondrá a todos de acuerdo es aquella que lo ofrece como un símbolo de la ciudadanía, un patrimonio inmaterial de generaciones. Nuestro Blas Infante o Lluis Companys. Un símbolo que hoy merece el respeto de todos y su estatua, inaugurada hace trece años, una deuda pendiente de Ceuta con su propia memoria. Quedan, en cualquier caso, otras cuentas pendientes de saldar: tal vez sea hora de hacer lo propio con las víctimas del bombardeo republicano en el Mercado del Revellín o con alguien cuya biografía personifica como nadie el fatal enfrenamiento de hace ocho décadas: Antonio Escobar Huerta.

 

83 años después de su muerte, sus sucesores le homenajeaban. Una pieza musical a violín, una corona de flores depositada por el presidente de la Ciudad, Juan Vivas y las dos vicepresidentas de la Asamblea, Cristina Pérez y Dunia Mohand, junto a un poema inmortal. Pocas plumas más sensibles ha conocido el castellano que la de Miguel Hernández; pocas estrofas tan desgarradoras como las de la Elegía a su amigo Ramón Sijé. Aquella en la que el poeta oriolano lamentaba que temprano levantó la muerte el vuelo. Como en las primeras horas de aquel cinco de septiembre.  Para segar la vida, entre otros,  de un  hombre que -ironías del destino- mira ahora en forma de estatua al Ayuntamiento que dirigió, en la Avenida que lleva su nombre y por mor de ciertas farolas, lo hace bajo la sombra del dragón que tanto representa para masones como el.

Temprano levantó la muerte el vuelo...
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