Tenso cara a cara entre Mustafa y Chandiramani por la “islamización” en el Pleno de Ceuta
La palabra “islamización” endureció el debate en el salón de plenos y derivó en un duro enfrentamiento entre Mohamed Mustafa y Kissy Chandiramani. Reprobaciones exigidas a Díaz Ayuso, acusaciones de islamofobia y un choque directo sobre convivencia y polarización
La palabra “islamización” aterrizó en el salón de plenos como un petardo de mecha corta. Y lo que vino después fue un cara a cara áspero entre Mohamed Mustafa (Ceuta Ya!) y Kissy Chandiramani (PP) que dejó dos ideas chocando todo el rato: una, que hay frases que señalan y duelen; otra, que traerlas aquí puede prender la convivencia.
La interpelación la había registrado Mustafa para que el Gobierno local fijara posición sobre unas declaraciones de Isabel Díaz Ayuso que, según el portavoz autonomista, vuelven a poner bajo sospecha al colectivo musulmán. Antes de entrar al fondo, Mustafa marcó una línea: “las familias son sagradas” y “la vida personal” de los consejeros no debería tocarse (aludiendo al cierre de la consejera en el punto anterior en el que aludió a la vida laboral de la compañera de partido de Mustafa, Julia Ferreras). A partir de ahí, el discurso se le fue abriendo en abanico: Ayuso, Aznar, la “Declaración de Murcia”, la moción de Jumilla, Feijóo, Vox… y, sobre todo, el PP.
Mustafa insistió en que no está pidiendo una clase sobre islamofobia, sino una respuesta concreta: “¿Qué opinión tiene el Gobierno sobre las declaraciones…?”. Reprochó al PP que se escude en la “descontextualización” y que se limite a cargar contra Vox mientras, a su juicio, tolera o blanquea mensajes similares dentro de sus propias filas. En su intervención mezcló la crítica política con un relato social: el Príncipe, el IMV, la pobreza infantil, la vivienda social, las pensiones no contributivas. Y remató con una frase que buscaba clavar el debate en la piel de la ciudad: “En Ceuta, ser musulmán es un factor de riesgo para caer en la exclusión social”, citando un informe FOESSA, para Cáritas.
Chandiramani le respondió con un tono de advertencia: acusó a Mustafa de tener “la piel muy fina” para unas cosas y el “embudo” ancho para otras. Defendió que el PP ha hablado de islamofobia “en innumerables ocasiones” desde la entrada de Vox en la Asamblea y repitió un mensaje que se convirtió en estribillo: “a nosotros nadie nos va a dar lecciones de convivencia”. La consejera situó el debate donde más le interesaba: en el riesgo de “polarización” que, según dijo, salta “de la política a la sociedad” y puede “quebrantar” la paz social.
Y ahí llegó el choque de trenes: Chandiramani sostuvo que Ceuta Ya! y Vox son “la misma moneda con diferente cara”, porque —dijo— unos se presentan como defensores de “los cristianos” y otros como únicos defensores de “los musulmanes”, usando identidades como arma. También rechazó que Ayuso hubiese hablado en esos términos: defendió que se refería a “teocracias” y a lugares “donde la mujer ha perdido derechos”. Y, en un giro que cambió de carril, sacó a la palestra la sanidad madrileña, el Ministerio de Educación, la inversión del Gobierno local en colegios (15 millones en 2026, afirmó) y la falta de inversión estatal (cero en 2025, sostuvo), para retratar a Mustafa como un político que prefiere el “debate nacional” antes que los problemas cotidianos.
Mustafa, en réplica, intentó cortar esa escapatoria: dijo que sí condena declaraciones islamófobas vengan de donde vengan —incluidas las de Gabriel Rufián, que Chandiramani le había mencionado— y aseguró que Ceuta Ya! ya se pronunció sobre radioterapia y UCI pediátrica, tras la declaraciones del secretario de Estado de Sanidad en su visita a Ceuta. Volvió al núcleo: “yo no le he preguntado sobre la islamofobia, le he preguntado por la islamofobia de su partido”. Y elevó el listón con una exigencia: que el PP “repruebe” y “condene” públicamente a dirigentes concretos si quiere dejar de oír acusaciones de racismo o islamofobia.
La tensión subió otro peldaño cuando Mustafa aludió a la vida privada de Ayuso en mitad del rifirrafe, y Chandiramani lo usó como munición para acusarlo de incoherencia: “me está diciendo que no lo haga… y es usted el primero”. En su cierre, la consejera negó que Feijóo o Ayuso hayan dicho lo que Mustafa les atribuye y le pidió que señale “dónde está escrito”. Y terminó como empezó: pidiéndole que no utilice “las diferencias culturales y religiosas” para “tener tres votos más”.
El debate dejó una foto clara: Mustafa buscó obligar al PP de Ceuta a mojarse sobre lo que dicen sus referentes nacionales; Chandiramani se negó a entrar en ese marco y devolvió el golpe acusando a Ceuta Ya! de alimentar el conflicto. Entre medias, la ciudad: esa que ambos dicen defender, pero a la que hoy miraron desde dos trincheras distintas.