martes. 29.11.2022
HISTORIA- ASESINATOS QUE MARCARON NUESTRO TIEMPO- VII

1936: Muerte de dos amigos

La muerte es posiblemente el acto más democrático que existe, pues todos estamos llamados a ella. Sin embargo, ha habido fallecimientos a lo largo de la historia que han alterado el curso de la misma. Desde jefes de Estado a humildes panaderos, Ceuta Televisión les ofrece algunas de las muertes más influyentes de las últimas décadas. Asesinatos que cambiaron el mundo

Hoy es un coqueto y recomendable hotel a escasos metros de la plaza de Bibrramblas y de la catedral de Granada. Pero en agosto de 1936, sus paredes fueron testigos de como empezaba uno de los episodios más dolorosos y simbólicos de la Guerra Civil Española. Los turistas que cada año eligen el céntrico lugar para hospedarse ignoran, en muchos casos, que se encuentran en el último lugar en que se vio con vida a Federico García Lorca. Efectivamente, la casa de los Hermanos Rosales.

De García Lorca, muerto un 18 de agosto de 1936, poco o nada se puede decir que no se haya dicho ya. Hombre comprometido políticamente, aunque no muy activo en cuanto a las siglas. Sin embargo, ello le llevó a ser asistente de Fernando De los Ríos. Curiosidad, en esa calidad visitó el protectorado, como apoyo al ministro de Educación de la época. Dicho de otra manera: la tomada en el Puerto de Ceuta es una de las pocas imágenes en movimiento que se conservan del autor de "Bodas de Sangre".

 

Que su legado literario, teatral y musical -¿cuanto le deberá el género de las sevillanas?- es tan universal como su amada Granada, es redundancia. Que su ideología política es reclamada por la izquierda, también. Como es el hecho de que no fuese el único muerto cuyo fallecimiento sirvió de martirio para el 'bando propio'.

 

" ¿No crees que con tu azul y el mío juntos haríamos una España mejor?", le preguntaron una vez. El azul de la Falange y el azul que usaba Lorca como uniforme en La Barraca. Quien así le preguntaba a Federico era el símbolo por excelencia del bando sublevado, el hombre cuyos restos mortales descansan junto a los de Franco en el altar del Valle de los Caídos: José Antonio Primo de Rivera.

Ambos fueron, en efecto, amigos. Se conocieron a través de un diplomático chileno, Carlos Morla. Pero los dos eran conscientes de que su amistad podía serles perjudicial si se convertía en asunto de dominio público. Así lo confesaba el propio García Lorca a Gabriel Celaya: "¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo, ni a mí me conviene que me vean con él".

La teoría apunta a que esa amistad, de la que estaban al tanto muy pocas personas -tal vez los citados, junto a Luis Rosales y Dalí- fue lo que motivó que Lorca buscara refugio en la casa de los hermanos en vez de acudir a la búsqueda de Manuel de Falla. Ambos eran conscientes, no solo, de lo 'explosivo' que resultaría esa amistad a la luz pública, sino de que la muerte se cernía sobre ellos. De hecho, el propio poeta confesó al periodista Felipe Ximénez Sandoval "que a mi me van a matar antes que a José Antonio, ya verás". Ninguno vió nacer el año 1937.

La sorprendente amistad ha sido descubierta, en parte, gracias al muy recomendable "Rosas de plomo", trabajo de investigación del malagueño Jesús Cotta. Este afirma que los dos "eran personalidades afines, unidas por su amor a España y su dolor ante la pobreza y los partidismos. Les diferencia que Lorca, que renegaba del perfil autoritario y filofascita del líder falangista, siempre mantuvo su discurso en lo moral y lo estético sin entrar en lo político, como hizo José Antonio". El carácter ecléctico de ambos es lo que explica que Lorca simultanease su tertulia con Primo de Rivera con su consabida amistad con Azaña. Los dos eran, dice Cotta, " tan antimarxistas como defensores de los pobres, tan amigos de la tradición como del progreso, incomprendidos, revolucionarios, libres, eclécticos y heterodoxos".

Así pues, algo tan habitual y tan a preservar como que dos personas de ideologías distintas puedan compartir amistad, mesa y confidencias, comienza poco a poco a salir a la luz. Una historia no muy conocida que no hace sino acentuar el drama que supuso que España se desangrase en dos un maldito mes de julio de 1936...

 

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