INCINERADORA ANIMAL

El adiós más difícil: "no haríamos esto con una persona"

Melania Bocoya y su perra Luna / Cedida

"¿Cómo voy a llevar el cuerpo de mi perra en una neverita en el barco?" — Melania Bocoya, una joven que relata su experiencia y alza la voz por una causa que afecta a muchas familias con animales y busca erradicar. 


 

Durante el mes de marzo, las redes sociales y medios locales han reflejado una creciente preocupación ciudadana sobre la falta de una incineradora individual para animales. Entre esas voces se encuentra la de Melania Bocoya, una joven ceutí que, tras la reciente pérdida de su perrita, ha querido contar su historia con un objetivo claro: que ninguna otra persona tenga que pasar por lo que ella vivió.

"Empecé a ver muchas noticias sobre el tema, pero la verdad es que no lo tenía del todo claro", cuenta. La información que encontraba era fragmentada, sin detalles sobre el procedimiento real que se sigue en la ciudad cuando fallece una mascota.

Melania Bocoya y su perra Luna / Cedida

Su relato comienza tras una larga enfermedad de su perrita, compañera inseparable durante años. “Mi duelo ha sido en vida. Fueron muchos veterinarios, noches sin dormir, vacaciones canceladas… Cuando se fue, sentí paz. Pero entonces comenzó todo lo demás”.

Al enfrentarse a la despedida, la veterinaria le explicó cómo funciona actualmente el proceso: la ciudad no cuenta con una incineradora para animales de compañía. Las opciones disponibles son limitadas: que la Ciudad se encargue del cuerpo junto a otros animales en un contenedor frigorífico y se realice una incineración colectiva en la península; que los propios dueños gestionen el traslado y el proceso por su cuenta; o, en algunos casos, adelantar el viaje, con el animal aún enfermo, para que todo el proceso se realice en la península.

"Cuando me dijeron que teníamos que llevar nosotros su cuerpo en una neverita en el barco… me quedé en shock", explica. "Al principio lo íbamos a hacer, pero luego no tuve fuerzas. Al final, cambiamos de decisión varias veces, hasta que el lunes fui a recogerla y la llevé yo misma a la península".

Durante esos días, Melania estuvo leyendo testimonios de otras personas que, como ella, habían pasado por una experiencia similar. Algunas no pudieron llevarse a su mascota por falta de autorización. "No hay un protocolo claro. Nadie te acompaña. Y cuando te ves en medio de esa situación, el dolor se multiplica".

En su caso, ni la Ciudad Autónoma ni ninguna institución se ha puesto en contacto tras la difusión de su testimonio en redes y medios. “Solo han sido los medios de comunicación los que se han interesado”.

Más allá de su caso personal, lo que denuncia es una desconexión profunda entre el vínculo emocional que muchas personas tienen con sus animales y la falta de recursos para garantizarles una despedida digna. “Mi perra fue mi compañera de vida. Viajó conmigo por el Reino Unido, volvió conmigo a España, venía a la playa, al campo, al bar... Todo el mundo la conocía. Y cuando falleció, la única opción era dejarla en un contenedor con otros animales”.

Además, Melania lanza una reflexión que busca abrir nuevas posibilidades mientras se resuelve la situación de fondo: “quizás nos hemos empecinado un poco en pedir una incineradora para Ceuta, pero entiendo que montar algo así no es cosa de dos días. Que si permisos, que si leyes, que si requisitos… vamos, que lleva su tiempo. Pero, ¿y si mientras tanto la ciudad pudiera echarnos una mano de otra manera? Cuando yo hice el trámite con Luna en Algeciras, la clínica no tenía incineradora propia. Ellos trabajaban con una de Málaga. Así que entiendo que en Algeciras tampoco hay una incineradora de animales como tal, pero aun así ofrecían el servicio. ¿No podría Ceuta hacer algo parecido? Por ejemplo, montar un sistema de transporte digno y personalizado, que una vez a la semana, o aunque sea dos veces al mes, lleve a nuestras mascotas a una incineradora en la península. Al final, lo que queremos es poder despedirnos de ellos con respeto, como se merecen, sin tener que esperar años a que monten algo aquí”.

Desde aquí, hace un llamado directo: “Pido a quienes tienen la posibilidad de tomar decisiones que piensen también con el corazón. Porque esto no va solo de leyes, va de empatía, de acompañar a las familias que sufren una pérdida. Y eso, a veces, también se puede hacer con soluciones sencillas”.

En el último Consejo de Gobierno celebrado ayer, aseguraron que “desde la Consejería de Sanidad se está buscando un terreno idóneo para construir una instalación de este tipo”, pero de momento no hay avances tangibles.

Mientras tanto, esta joven ha decidido hablar y alzar la voz, no por ella, dice, sino “por todas las personas que aman a sus animales y no tienen más opción que callar o pasar por esto en silencio”. Y concluye: “No haríamos esto con un familiar, con nuestros padres, nuestras madres, nuestros hermanos, nuestros abuelos. O sea, no haríamos eso con ninguna persona humana, ¿por qué eso tiene que hacerse con ellos?”.

“Si los que hemos pasado por esto no lo contamos, nadie se entera, y nada cambia”.