viernes. 02.12.2022
MEMORIA

Ahmed y 'Kubati': historia de una víctima y su asesino

Este 24 de noviembre se cumplen 36 años del asesinato de Mohamed Ahmed Abderraman, la segunda y última víctima ceutí de la banda terrorista ETA. El grupo criminal lo asesinó en un control de carreteras en Irún, donde estaba destinado como agente del Cuerpo Nacional de Policía. Uno de sus asesinos fue José Antonio López "Kubati", considerado como uno de los pistoleros más sanguinarios del grupo criminal

"Yo se que las víctimas tienen un dolor muy grande y soy consciente de todo eso". Esa frase la pronunciaba el pasado 8 de octubre José Antonio López Ruiz. Más conocido por su terrorífico sobrenombre: Kubati.  Uno de los pistoleros más sanguinarios de ETA, que volvía a sentarse en un banquillo de los acusados por el asesinato (resultó absuelto al no encontrarse pruebas que lo vincularan) de dos guardias civiles. Kubati, además, mantiene cierta relevancia pública en los últimos años al ser organizador de varios homenajes a terroristas al salir de la cárcel.

 

Entre las víctimas de Kubati, alguna que ha entrado en los libros de historia por su especial significación: Dolores González Katarain "Yoyes", asesinada a sangre fría tras volver a su pueblo al desertar de la banda. Pero también una historia que tiene vinculación con Ceuta, de la que se cumplen años este 24 de noviembre.

 

Su nombre era Mohamed Ahmed Abderrahaman. Tenía 33 años, era agente de Policía Nacional y había pedido traslado voluntariamente al País Vasco en aquellos 'años de plomo' por una cuestión económica. Era padre de una niña con parálisis cerebral, con tratamientos costosos. Por el riesgo que corrían los agentes, el destino en el País Vasco se pagaba mejor que otros en aquel entonces.

 

En Francia empezaban a cambiar las cosas. Francois Miterrand había llegado recientemente a la Presidencia de la República, y  estaba comenzando a poner fin al 'santuario' francés de ETA. El viejo lobo se había dado cuenta de que los miembros de la banda no eran luchadores antifascistas, como había defendido su antecesor, Valery Giscard D'Estaing. Poco a poco, comienza la colaboración bilateral entre países en materia antiterrorista.

 

ETA señala, en protesta por ello, un objetivo: los camioneros franceses. El Gobierno español decide reforzar la protección para evitar altercados. Se establecen controles. Uno de ellos, a la salida de Irún. Ahmed pide estar voluntario en el: no le corresponde aquel turno, pero su hija tiene que someterse a unas pruebas médicas al día siguiente, por lo que cambia el servicio con un compañero para así aprovechar el día de libranza a la mañana siguiente.

 

Se separa en un momento del vehículo policial, apenas unos metros. Quiere estirar algo las piernas y fumarse un cigarro. Una decisión fatal: un grupo de terroristas apostados a pie de carreteras abre fuego a discrección. Yace muerto pocos segundos después; su compañero es gravemente herido.

 

"Creí que Ceuta entera estaba en el entierro", contaría su viuda a José María Calleja, uno de los famosos que ha muerto como consecuencia del coronavirus en este infausto año. Hoy, aquel agente de la Policía Nacional que cambió un turno tiene una calle con su nombre en Bermudo Soriano. Tendría 59 años de edad y podría estar disfrutando de su primer nieto. Pero un infortunado cambio de turno segó su vida. La segunda y última de un ceutí a manos de ETA. Del primer asesinato, el de Francisco Pascual Andreu, se cumplieron cuarenta años el pasado mes de abril, en plena explosión de la pandemia que prácticamente todo lo ha silenciado. Hoy, el asesino de Ahmed reconoce el dolor de las víctimas. No siempre la dicha es buena cuando se llega tarde, pues.

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