jueves. 04.06.2026

El 10 de agosto de 1975, Ana Mesa y Pepe Vilvhes se dieron el “sí, quiero” en la iglesia de Los Remedios. Cincuenta años después, siguen caminando juntos, con la misma complicidad de entonces y con la serenidad que da haber superado alegrías, retos y duelos de la mano.

Yo me casé enamorada de él y sigo estándolo”, asegura Ana sin titubear. Pepe, sentado a su lado, asiente y añade: “El secreto es el día a día. Parece que el tiempo no pasa, pero pasa, y lo que hace es unir más”.

Un noviazgo de barrio y bailes en patio 

Su historia comenzó en el barrio, cuando Pepe bajaba a jugar con los hermanos de Ana. No fue un flechazo inmediato: “No, no fue amor a primera vista. Salíamos como amigos y yo lo invité a un baile en el patio de una prima. Íbamos juntos y volvíamos juntos, pero cada uno bailaba por su lado, hasta que un día él me dijo: ‘Ya no bailas con nadie más, solo conmigo’”, recuerda Ana entre risas.

A Pepe lo atrajo la forma de ser de ella: cariñosa, pendiente y con ganas de compartirlo todo. A Ana, la seriedad y formalidad de un joven responsable que ya despuntaba como hombre de fiar. Tras siete años de noviazgo, decidieron dar el paso.

Una boda inolvidable 

La iglesia llena, los padres emocionados, el calor de aquel 10 de agosto y la celebración en la discoteca más famosa del momento. Así recuerdan su boda. “Fue muy emotivo, una experiencia que hay que vivir”, subraya Pepe.

Ana Mesa y Pepe Vilches / Alma Palomino
Ana Mesa y Pepe Vilches / Alma Palomino

La luna de miel los llevó a Málaga, Benalmádena y Granada, entre hoteles de moda y noches mágicas en el Tívoli. “Era todo nuevo, estábamos deseando disfrutar juntos sin horarios ni restricciones”, cuenta Ana, que reconoce que solo entonces pudo empezar a vivir plenamente su libertad.

El secreto de los 50 años 

Cuando se les pregunta por la clave de un matrimonio duradero, ambos coinciden: respeto, no guardar rencor y saber ceder. “No siempre se puede llevar la razón. Si uno quiere ganar siempre, el otro acaba infeliz. Nosotros nunca hemos sido rencorosos: al día siguiente ya estábamos de cachondeo”, bromea Pepe.

Ana Mesa y Pepe Vilches / Alma Palomino
Ana Mesa y Pepe Vilches / Alma Palomino

Ana aporta su consejo a las mujeres más jóvenes: “Si quieres, se remonta todo. Depende del interés que pongas. El respeto es fundamental”.

Mirando atrás, mirando adelante 

Hoy, medio siglo después de aquel baile en un patio de barrio, Ana y Pepe se miran con la complicidad intacta. Ella le repite con ternura y un punto de regaño: “No se te ocurra irte y dejarme sola”. Él sonríe, consciente de que han construido juntos una vida que sigue en pie gracias a ese pacto implícito de amor y cuidado mutuo.

“Los 50 años no son por gusto -resume Pepe-, vienen porque cada día cuenta. Y cuando miras atrás, lo que queda es la alegría de haberlos compartido”.

Ana y Pepe: medio siglo de amor, respeto y complicidad