MACROJUICIO

El macrojuicio por blanqueo sigue avanzando con los acusados desvinculándose de actividades relacionadas con las drogas

Un momento de la vista.

La tarde de la décima jornada de la vista contra un supuesto entramado familiar de blanqueo de capitales tuvo como protagonistas a tres de los supuestos implicados en actividades relacionadas con el tráfico de drogas. Todos aseguraron que nunca han tenido nada que ver con acciones relacionadas con el movimiento de hachís y justificaron en sus empleos, uno haciendo obras en Marruecos y otros con compraventa de vehículos y barcos de segunda mano, los ingresos que les permitieron mantener su tren de vida

 

Fue un marroquí que dijo que se llamaba Mohamed quien le pidió alquilar una nave en un polígono de Málaga, dándole el dinero en efectivo para que hiciera el arrendimiento. Para su sorpresa, meses después fue llamado por la Guardia Civil que había encontrado en la instalación dos narcolanchas, motores para ellas y dos mil litros de gasolina. C.S.P. uno de los acusados en el caso de blanqueo -al que los investigadores sitúan como piloto de semirrígidas en el Estrecho- descartó en su declaración este miércoles ante los jueces cualquier implicación en el mundo del tráfico de drogas, asegurando que las embarcaciones descubiertas -uno de los indicios que le ligan al crimen- no eran de él, sino que fue engañado por una persona que conoció en el Reino Alauita -donde desempeñaba su actividad profesional con máquinas excavadoras- que llevó allí esas gomas.

Tanto él como N.A.M. y F.J.R.L. -otros de los señalados como participantes en las operativas de la órbita del narco- sostuvieron en la tarde de este miércoles ante la sala de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Cádiz desplazada en Ceuta que su ritmo de vida se ajustaba a su actividad laboral en actividades lícitas, siempre pagada en negro y sin tributar. Convenientemente algunos ligaron su historial profesional a la compraventa de coches, motos y barcos, lo que vendría a explicar también por qué a pesar de no constarles ingresos en sus cuentas ni vida laboral han titularizado gran número de vehículos y lanchas.

El interrogatorio más extenso fue el de C.S.P. que tuvo a bien contestar no solo a su abogado, sino también a las preguntas del fiscal, a diferencia del resto de los que comparecieron a lo largo de esta décima jornada de la vista oral. Trazó en su relato el acusado una larga vida profesional, comenzando por recoger naranjas y limones, a desempeñarse en un matadero -"ganando 2.000 euros"- y luego con máquinas de construcción, lo que, en el momento de la crisis económica, en 2009, le acabó llevando a Marruecos.

Allí pasó, siempre según su versión y en contra de lo que piensa la Guardia Civil, diez años haciendo grandes obras que le reportaban importantes beneficios económicos: "Seguro que saqué 150.000 euros o más". Todo cobrado en efectivo y sin tributar a la Hacienda Pública, lo que hace que los fondos no hayan podido ser rastreados. Como prueba -además de un testigo que tuvo como trabajador en su empresa- aportó en el día de hoy unas fotografías de las obras ejecutadas, véanse embalses de agua, muros, caminos y similares.

"Yo he estado bien, tampoco para tener una vida ostentosa y llena de lujos, pero sí ingresos para estar con mi familia, mi suegra, mi suegro mi madre...No hay nada que esconder. Yo no puedo cambiar que en Marruecos me pagaran en mano", incidió al respecto. Lo cierto es que según la investigación y tal y como reconoció C.S.P., él y su esposa siempre habían tenido importantes deudas -con la Seguridad Social y numerosas entidades bancarias-, incluso antes de su supuesta marcha al Reino Alauita. Por ello solía retirar el dinero que ingresaba para que no le embargaran.

Sin embargo, cuando presuntamente obtuvo esos importantes beneficios habría optado por comprar un gran número de motos, así como barcos y coches poniéndolos a nombre de terceros -incluidos sus hijos- con el objetivo de que no se los quitaran, en vez de eliminar lo aeudado previamente. Además de esta contradicción, llamaron la atención otras explicaciones del acusado. 

Por ejemplo la de la nave en la que aparecieron las narcolanchas: "La alquile porque conozco a un chaval en Marruecos, que sale conmigo en las motos. El quiere traer motos de segunda mano, quads, buguis y en fin... Me dio el dinero para alquilarla a mi nombre, gané 500 eurillos, pero al final bien se sabe que está en otra cosa, yo no tenia constancia ninguna. Aquella nave la abrieron (los guardias) y yo no sabia nada de lo que había", inició su exposición al respecto.

"Mohamed es marroquí, no tengo pasaporte y tengo que ir a marruecos cuando pueda y localizarlo porque este tío alquilamos la nave y dos o tres meses después parece que se lo comió la tierra. El es de marruecos, tiene contactos fuera pero el no puede ir a afuera. Nunca he ido a esa nave, no tengo conocimiento de lo que hay", agregó, apuntando que se sentía "engañado" y dudando de si ese sería realmente su verdadero nombre: "Se que vive en Tetuán", apuntó a mayores.

Trató seguidamente de desmentir su vinculación con el narcotráfico indicio por indicio, negando que la voz que aparece en audiciones o en pinchazos telefónicos sea la suya, que la semirrígida que adquirió él y hallada en la enorme finca malagueña de la familia se dedicara a tráfico de hachís o que le hubiera comprado una embarcación similar a una persona vinculada también al movimiento de drogas: "Fue mi hermano y la goma es legal", subrayó.

Una vez la Guardia Civil le interceptó desembarcando en una playa de Estepona después de haber sido visto acercándose a otra embarcación sospechosa en alta mar, al menos según sostiene la Guardia Civil. Por contra, el defiende que nada se pudo probar y que simplemente estaba pescando, una de sus "aficiones".

Las decisiones económicas en el matrimonio

Cuestionado por un vehículo BMW X5 que aparecía a nombre de su mujer, indicó que fue un conocido de él quien le explicó que iba a traer un coche -comprado a una persona con antecedentes por falsedad documental- de Alemania, "de unos 20.000 euros" y que si le podía hacer el favor de que figurara como propiedad de su esposa: "Mi mujer no tuvo nada que ver con ese favor, le dije, toma, firma", postuló el hombre, que a lo largo de sus respuestas siempre desvinculó de las decisiones económicas a su esposa y también acusada, R.T.M.

Ella fue interrogada justo antes, compartiendo este mismo relato y casi todo lo expuesto posteriormente por su cónyuge, con el que lleva 22 años casada. Agregó que, en su caso, se desempeñó como limpiadora en casas cobrando permanentemente en negro. 

Del ejército a la hamburguesería y siempre ayudado por su padre

Tras C.S.P. intervino en la sala otro de los principales acusados vinculados a actividades relacionadas con el narcotráfico, N.A.M., justo quien presuntamente encontró el micrófono que la Guardia Civil había colocado en la barca donde se supone llevaban petacas de gasolina para avituallar a narcolanchas.

Este explicó que primero fue militar en artillería y que después vivió de vender en la nave del Tarajal de los considerados cabecillas de la banda, F.J.P.L. y A.D.P.L. y en su hamburguesería. También recibía ayuda económica de su padre -que posee un gran número de propiedades inmobiliarias en Ceuta y Andalucía que tenía alquiladas- con el que de hecho se fue a vivir al tener hijos. Por último, señaló que se dedicaba a comprar coches, embarcaciones y motos, a darles "un lavado de cara" y a venderlas con un incremento de precio.

Por la naturaleza de ese negocio y no por dedicarse al narcotráfico, argumentó, habría llegado a titularizar tantos vehículos y buques, además de haber podido permitirse su nivel de vida.

N.A.M. optó por responder solo a su abogado, lo que privó a la sala de sus contestaciones respecto a las preguntas del fiscal. Estas buscaban explicación sobre las imágenes en las que se le ve metiendo 34 petacas de gasolina en una barca con F.J.P.L. o sobre la compra de una semirrígida a una persona vinculada con el tráfico de hachís en la ciudad autónoma. El Ministerio Fiscal también quería conocer detalles sobre un barco propiedad del acusado en el que se encontró droga cuando navegaba por el Estrecho.

Una familia "humilde" que apenas pudo cotizar y tuvo seis coches y dos motos

El último de los testimonios más relevantes de la jornada fue el de F.J.R.L., otra de las personas que los investigadores consideran participante en actividades de la órbita del narcotráfico. Él, su esposa y su suegra (C.M.V. y D.V.O.) afirmaron todo lo contario, ser una familia humilde cuyo motor económico eran los padres de la mujer y que gracias al sueldo que el progenitor había tenido pudieron comprarles una vivienda. Piso que la acusación considera se pagó con dinero ilícito conseguido por F.J.R.L. que este habría ido dando a los padres de ella para que abonaran la hipoteca y previamente para aportar una importante entrada en efectivo.

Gracias a contar con esa casa -en apariencia adquirida por los progenitores de C.M.V.- la pareja pudo alquilar el piso que ya era de su propiedad, obteniendo una renta. A la par, iban "todos los días a comer y a cenar a casa de los padres de la esposa", algo que contrasta con una de sus aseveraciones sobre en qué gastaban el dinero que ingresaban: "Pues en comida, comer hay que comer", dijo C.M.V., a pesar de que en sus cuentas no figuran apenas compras en supermercados o tiendas de alimentación y de haber señalado minutos antes que siempre se sentaban en la mesa de sus padres que sufragaban ese coste.

Esto lo justifican en que C.M.V. siempre trabajó cuidando gente, limpiando y en la hostelería, recibiendo "todo el dinero en efectivo". Trabajos, como los de F.J.R.L. en chapuzas y compra venta de vehículos y barcos, que no existen para la Guardia Civil, aspecto que explican en que él nunca estuvo dado de alta en la Seguridad Social y ella solo en los últimos años y parcialmente al principio de su trayectoria profesional. Como resultado de todo esto, les quedaban entonces los ingresos marginales que obtenían de estas actividades y otros 600 euros de una renta para sufragar la vida diaria.

Negándose los tres a responder al fiscal, no pudieron aclarar la compra a lo largo de los diez años investigados de al menos seis coches y dos motocicletas, como tampoco las reuniones que, en virtud de las pesquisas, mantuvo F.J.R.L. con narcotraficantes de la costa sur de España en Tarifa y Algeciras.