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Cristina Serantes: “Trabajar la salud mental en prisión es un reto, pero los internos muestran avances reales”

SARA SERANTES PSICOLOGA DE ACEFEP

Acefep desarrolla desde hace años un programa en el centro penitenciario de Fuerte Mendizábal, financiado por el IRPF, donde atiende a personas privadas de libertad con problemas de salud mental

La salud mental en prisión es un ámbito complejo, cargado de retos y de realidades poco visibles para la sociedad. En Ceuta, la psicóloga Cristina Serantes, integrante de Acefep (Asociación Ceutí de Familias de Personas con Enfermedad Mental), lleva tres años acudiendo cada semana al centro penitenciario de Mendizábal para atender a internos con trastornos psicológicos. Su labor se enmarca en un programa financiado por el IRPF y la Ciudad Autónoma de Ceuta, y consiste en sesiones grupales que buscan mejorar la gestión emocional, la convivencia y la conciencia sobre la propia enfermedad.

Un programa con más de una década de historia

El programa de salud mental en prisión que coordina Acefep lleva funcionando entre diez y quince años. Serantes se sumó hace tres y desde entonces acude todos los jueves por la mañana al centro penitenciario. Allí permanece entre dos y tres horas, tiempo en el que primero se coordina con los técnicos del centro y luego dirige las sesiones grupales.

Actualmente, diez internos participan en el grupo de terapia, aunque la asistencia puede variar según coincidencias con citas médicas u otras actividades penitenciarias. Las dinámicas abordan desde la gestión de conflictos hasta la definición de metas personales, pasando por el reconocimiento de las propias emociones.

Centro Penitenciario de Fuerte Mendizabal

El valor de la escucha y el trabajo en grupo

Las sesiones comienzan con una pregunta básica: “¿Cómo estáis?”. A partir de ahí, los internos encuentran un espacio para expresarse y sentirse escuchados, algo que Serantes considera esencial:

  • “Ellos están deseosos de contar cómo están, de hablar y sentirse protagonistas”, explica.
  • Dependiendo de la jornada, los ejercicios se adaptan a las necesidades: un día puede tratarse la ira, otro la soledad o las dificultades de convivencia.

Uno de los últimos talleres se centró en cómo gestionar los conflictos dentro de prisión, reflexionando sobre las causas, las emociones implicadas y las posibles soluciones.

La soledad y la falta de apoyo, principales obstáculos

Para quienes cumplen condena con un trastorno mental, las dificultades son dobles. Según Serantes, el aislamiento y la escasez de contacto familiar son los factores que más afectan a los internos.

  • Muchos solo reciben visitas una vez al mes, y algunos ni siquiera cuentan con familiares cercanos.
  • El ocio limitado y la convivencia continua en un entorno cerrado también generan tensiones y conflictos.

“Su cabeza no para y maquinan cosas”, señala la psicóloga, subrayando que la soledad es uno de los grandes enemigos de la salud mental en prisión.

Trabajo en coordinación con un equipo multidisciplinar

Aunque Serantes acude solo una vez por semana, los internos cuentan en el centro con un equipo de profesionales: psicóloga, educador, trabajadora social y personal de tratamiento. Ella mantiene contacto principalmente con la psicóloga del penal, así como con la trabajadora social y la directora de tratamiento.

Sin embargo, destaca una carencia importante: en Ceuta no hay psiquiatra en el centro penitenciario ni en la propia ciudad, lo que limita la atención farmacológica de los internos. Actualmente, el seguimiento médico depende de un neurólogo.

Avances lentos pero visibles

A pesar de las limitaciones, Serantes asegura que sí se perciben mejoras reales en algunos internos. Personas que antes reaccionaban con ira o explosividad han aprendido a controlar mejor sus emociones, y cada vez más participantes comprenden la naturaleza de su enfermedad.

Para la psicóloga, uno de los logros más importantes es que los internos sean conscientes de que no están “locos”, sino que padecen una enfermedad que puede ser tratada con recursos adecuados.

Necesidad de más recursos y mayor apoyo

La psicóloga reconoce que una sola sesión semanal es insuficiente para cubrir todas las necesidades. “Ellos mismos me dicen: ‘Señorita, ¿no puede venir más días?’. Pero no hay más recursos”, señala.

Entre las demandas principales para mejorar la intervención cita:

  • Más personal especializado.
  • Mayor número de sesiones para ofrecer un seguimiento más cercano.
  • Más recursos materiales y terapéuticos.

“Cuanto más apoyo y más activos se encuentren, mucho mejor para su recuperación”, afirma.

Objetivos: conciencia y reinserción

Los propósitos del programa van más allá del tratamiento durante la condena. La psicóloga subraya dos metas prioritarias:

  1. Que los internos tomen conciencia de su enfermedad y sepan a quién acudir en caso de crisis.
  2. Favorecer la reinserción social tras la salida de prisión, apoyándoles en la búsqueda de vivienda, empleo u otros recursos.

El desafío añade, es enorme, porque la sociedad aún estigmatiza fuertemente los problemas de salud mental, y ese peso también se percibe dentro de la cárcel.

Diversidad de patologías

En el grupo conviven internos con diferentes diagnósticos: depresión, ansiedad, esquizofrenia, brotes psicóticos o trastornos de personalidad. Esta diversidad obliga a adaptar las dinámicas y, al mismo tiempo, refleja la complejidad de trabajar en un entorno penitenciario.

Serantes insiste en la importancia de la educación sanitaria: explicar para qué sirve cada medicamento y por qué es necesario tomarlo, algo que, asegura, “muchas veces se olvida en la práctica clínica”.

La salud mental en prisión, un reto pendiente

El programa de Acefep en Mendizábal demuestra que, incluso en un entorno "hostil" como la prisión, se pueden lograr avances en salud mental. Sin embargo, los profesionales coinciden en que un centro penitenciario nunca será el espacio ideal para una recuperación completa.

“Hay otros recursos mucho mejores que una cárcel para la recuperación de una persona”, admite Serantes. Aun así, mientras existan estas necesidades, su compromiso es claro: seguir acudiendo cada semana para escuchar, acompañar y ayudar a quienes más lo necesitan.