La espera mereció la pena: la Hermandad de los Remedios conquista el Viernes Santo
Un año después de verse obligados a regresar por la lluvia, el Cristo de la Buena Muerte y la Virgen del Mayor Dolor vuelven a recorrer Ceuta en un emotivo desfile lleno de estrenos, tradición y fervor popular
La parroquia de Nuestra Señora de los Remedios abría sus puertas a las 18:30 horas para dar comienzo a una de las estaciones de penitencia más esperadas de esta Semana Santa. En el corazón del barrio y bajo un cielo despejado, la Real y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora del Mayor Dolor volvía a reencontrarse con su ciudad tras el amargo recuerdo de 2024, cuando la lluvia obligó a suspender la procesión poco después de comenzar. Aquella herida hoy ha encontrado consuelo.
En esta tarde luminosa de Viernes Santo, los primeros compases de la Banda de Cornetas y Tambores Alfonso X el Sabio, llegada desde El Puerto de Santa María, anunciaban que la penitencia —esta vez sí— se haría calle. Con solemnidad, avanzaba el paso del Cristo de la Buena Muerte, imponente talla de Antonio Castillo Lastrucci (1948), que regresaba a las calles ceutíes en paso de costaleros. El esfuerzo de la nueva junta de gobierno, que logró consolidar una cuadrilla estable en 2024, ha dado por fin su fruto tras aquel intento truncado por el temporal del año pasado.
El cortejo avanzaba con recogimiento, los nazarenos vestidos con túnicas de ruán negro y cíngulo de esparto. En sus ojos, la gravedad de lo que se conmemora. El silencio, solo interrumpido por las cornetas, se imponía en los primeros tramos del itinerario: Real, Serrano Orive, Cervantes, Ingenieros... Ceuta parecía detenerse para mirar de frente al Cristo de la Buena Muerte, que este año presentaba reestructuración de los ángeles ceroferarios y estrenaba guardabrisas —sustituyendo los antiguos hachones— y nuevos faldones en su paso.
Nuestra Señora del Mayor Dolor, obra de Juan Astorga de 1828, le seguía bajo su palio, acompañada por los sones de la Asociación Musical “Ciudad de Ceuta”. Su presencia, serena y majestuosa, ponía el contrapunto de dulzura a una tarde-noche cargada de símbolos. A esta estampa, se suma la restauración de enseres del cortejo: pértigas y palermos; y la reestructuración de la corona imperial y los relicarios, acentuando la majestuosidad del palio, que ideara José Recio y bordara José del Olmo allá por 1918.
La Hermandad de los Remedios deja atrás, con este Viernes Santo, el recuerdo amargo del pasado año, encontrándose, al fin, con sus Amantísimos Titulares en la calle.