De la ex del Nene a menores grabados en la causa por abusos, testigos en el juicio a Guerrero por calumnias

Javier Guerrero sentado de espaldas en el banquillo de acusados.

La vista oral se retomará el próximo 25 de abril. Los diversos testimonios han arrojado algo más de luz al contexto que envuelve a la gran causa que tendrá que afrontar el ex político por los supuestos abusos sobre menores

Javier Guerrero ha echado el día este jueves en el Juzgado Penal Número Dos de Ceuta para responder como acusado por la acusación de calumnias e injurias que le imputa el director de la Esperanza, Julio Rodríguez. Esta primera sesión de la vista oral que ha quedado suspendida hasta el próximo 25 de abril ha servido para dejar entrever algo de lo que tendrá que enfrentar el ex político en el juicio por los delitos sexuales vinculados con los menores que estaban acogidos por la Ciudad que se le imputan.

En la causa que se juzga ahora, similar a la que ya se celebró contra el mismo Guerrero por los mismos delitos pero con el otro director de la Esperanza, la denominada Esperanza de Abajo, Rafael Gallardo, y de la que salió absuelto, se le piden 2 años de prisión por un supuesto delito de calumnias y 14 meses de multa a razón de 30 euros por día. Una petición de penas en al que finalmente coinciden tanto la Fiscalía como la acusación particular.

Esos dos supuestos delitos los habría cometido, según la acusación y la Fiscalía, el 30 de septiembre de 2022. Aquel viernes, Guerrero compareció ante los medios de comunicación en la puerta de la comisaría blandiendo unas denuncias que se acababan de poner en la propia sede de la Policía Nacional de Colón. Y él mismo no dudó en relatar que se estaba acusando a los directores de los centros de menores de la Esperanza de arriba y de abajo, Julio Rodríguez y Rafael Gallardo, aunque ese día no los nombró más que por su cargo profesional, de coaccionar a los menores para que denunciar tocamientos y acoso sexual por parte de Javier Guerrero. La coacción era de doble vía, si no lo hacían eran castigados y si lo hacían premiados con el traslado a la península.

Aquella comparecencia se enmarcaba en un contexto muy claro, la investigación de la Guardia Civil sobre el doctor y líder entonces del partido político Ceuta Avanza, estaba ya muy avanzada, sería en el siguiente enero cuando lo detuvieron. Se le estrechaba el cerco. Y en ese estrechamiento las primeras informaciones que apuntaban a esa investigación en marcha como algo serio estaban empezando a aflorar. Guerrero uso aquella denuncia para reforzar la teoría que él mismo había lanzado como defensa previa de su causa sólo unos días antes, existía una especie de conspiración contra él para derribarle e impedir que llegara a las elecciones como candidato. Su detención y las evidencias videográficas que obran en la instrucción de la causa mayor que tendrá que enfrentar, parece hoy como poco desmentir que se tratara de una conspiración.

Pero aquella denuncia aireada y amplificada por Guerrero y que el Juzgado archivó sin tan siquiera llegar a citar como investigado a los dos señalados por la falta de pruebas supuso el descrédito de Rafael Gallardo y Julio Rodríguez. Ambos le denunciaron por calumnias e injurias.

Rodríguez ha insistido en su declaración este jueves en lo que aquellas declaraciones de Guerrero supusieron para él. Pasar de ser un ser anónimo a un personaje conocido. Le dejaron de hablar amigos, le miraban mal por la calle, recibió amenazas de muerte en comentarios anónimos en redes sociales, soportó pintadas en las paredes de su centro de trabajo y lo peor de todo acabó por pasarle factura a la familia.

Su madre con más de 80 años fue repudiada por su grupo de amigas, posicionadas del lado infalible del buen doctor que se había ganado una fama de Sánchez Prados 2.0 con su buen hacer médico. Siempre dispuesto a ayudar. Y aunque la defensa de Guerrero ha intentando descargarse subrayando que el hoy acusado no cito a Julio Rodríguez por su nombre y apellidos, asegurando que si hubiera animo de injuria o de calumnia así lo habría hecho, Rodríguez ha manifestado en el juicio, al igual que Gallardo, que “me di perfectamente por aludido”. Y por su relato parece que no fue el único que lo hizo.

Guerrero se ha negado a contestar a las preguntas de la Fiscalía y del abogado de la acusación, Javier Izquierdo. Sólo lo ha hecho con su letrada para insistir en la teoría de la conspiración que ya blandió desde el verano de 2022 y que sostuvo hasta su detención.

“Sabíamos que nos iban a atacar con falsos testimonios. Querían denigrarme y me atacaban desde el ámbito persona. Fue terrible”, ha manifestado Guerrero. “Acoso y derribo” contra su persona, según su relato.

Los hechos hoy son los que son, el ex político tiene que responder aún a varias causas judiciales, ha estado en prisión preventiva por la nuclear y de mayor gravedad los supuestos abusos sobre los menores, y tiene otras abiertas como consecuencia del seguimiento que le realizó la Guardia Civil. Julio Rodríguez señalado en aquella comparecencia del 30 de septiembre por Guerrero ante la Comisaría, ni tan siquiera tuvo que comparecer en la instrucción que se abrió ante aquella denuncia.

Testigos avisados por un particular

Y aún así, como casi cualquier juicio de calumnias e injurias las testificales promovidas por la defensa han tratado de ir al fondo de la cuestión, han tratado de probar que lo que se dijo en aquella noche de viernes ante los medios de comunicación era cierto, o al menos veraz, que en la Esperanza, su director, Julio Rodríguez, trató de coaccionar a los menores a base de castigos, como retirarles el móvil, incomunicarles o aislarles en una habitación, la número 14 sin colchón ni nada de nada, si no se prestaban a denunciar al doctor por tocamientos y comportamientos sexuales delictivos. O que también se les prometía un inmediato traslado a la península si se prestaban a la denuncia.

Y eso ha contribuido a arrojar algo más de luz sobre los hechos que tendrá que afrontar Guerrero próximamente, los que le llevaron a prisión. Entre los testigos que han pasado por el juzgado se ha erigido en pieza clave un trabajador de Cruz Roja y de SAMU, que parece probado que si no es amigo de Guerrero al menos sí tiene una relación con él, algo más estrecha de lo usual. Ha sido él quién ha citado a los menores entonces que en la sesión de tarde han desfilado por el juzgado, hoy ya mayores de edad, para testificar a favor de Guerrero.

Él fue el que los citó y no la autoridad judicial que no logró localizarlos en sus nuevas ciudades, Logroño, Madrid o Vigo. Él es que también está señalado como investigado en otra de las causas pendientes de Guerrero en la que también es supuesta víctima Julio Rodríguez junto a Rafael Gallardo. Y en las que Guerrero está grabado verbalizando un plan para agredir físicamente a ambos. Y que supuso que la propia Benemérita y la Fiscalía se tomaran tan en serio las amenazas que proferían que rompieron el sigilo de la investigación para avisar a los dos directores y indicarles que tomaran precauciones.

A Gallardo le destrozaron el coche y su barco fue el que salió ardiendo al arrancarlo un día en el Puerto Deportivo. Esto último está denunciado sin que la investigación haya concluido nada aún. Y sin que por tanto se pueda vincular el incendio con Guerrero. Quede claro.

Gratitud a Guerrero Vs maltrato en el centro

El papel de la testifical de esos ex menores tutelados por la Ciudad en la Esperanza, bien en la de arriba o bien en la de abajo, o casi siempre a caballo entre ambas, citados por la defensa de Guerrero, ha sido el de mostrar una gratitud enorme hacia el doctor. “Quería venir a dar las gracias a Javi”, ha llegado a decir uno de ellos. Ninguno ha escondido su gratitud al doctor, pero todos han asegurado decir “la verdad”.

Su “verdad” es que en La Esperanza eran maltratados. Les castigaban retirándoles el móvil para que no pudieran hablar con su familia en Marruecos o en ocasiones les pegaban. “Delante de los ojos del director me pegaron y no hizo nada”, ha relatado uno de ellos. Supuestamente le pegaban los vigilantes, pero cuando la acusación particular y la Fiscalía le han apretado en su turno, resulta que el vigilante le pegaba para despertarlo porque se quedaba dormido, en su habitación y sin nadie más, tampoco el director, como testigo.

Que le quitaran el móvil fue la excusa que habría servido a Guerrero para regalarles precisamente móviles. Algo que no han negado. Sólo a uno no le compró el ex político un terminal. Pero, según el caso a unos les compraba móvil y saldo y otros, que ya tenían terminal, saldo. O en algún caso sólo les dio “cinco pavos” para recargar el teléfono.

A todos ropa, según su versión sólo sudaderas y pantalones, según la versión de Rodríguez y Gallardo también calzoncillos, algo que ha recordado a las testificales del juicio del profesor de los Agustinos. Pero todos los ex menores tutelaros que han venido a mostrar su gratitud a Guerrero han coincidido en señalar que los regalos como la ropa o los patines los llevaba Guerrero para todo el centro.

El ex político ha justificado a su abogado que lo hacía porque las condiciones en la Esperanza dejaban que desear: “Había niños sin ropa, sin calzado, muertos de hambre”.

Uno de estos menores ha relatado que el propio Julio Rodríguez le habría puesto un papel delante para firmarlo. “En aquel entonces yo no entendía nada, ni hablaba español ni sabía leer. Si lo hubiera sabido no lo firmo”. Pero aún así con esa limitación ha podido decir que se le estaba coaccionando para firmar el papel que supuestamente era una denuncia contra Guerrero.

A todos, Defensa y Fiscalía les ha apretado por el mismo sitio, cómo es posible que si el Juzgado no les había localizado estuvieran testificando y hubieran venido desde Madrid o Logroño de forma expresa para declarar. Todas las respuestas ofrecían dos denominadores comunes: habían venido a Marruecos para pasar el final de Ramadán con su familia y querían mostrar gratitud a la única persona que "se portó como un padre” con ellos, Javier Guerrero.

¿Quién pagó los viajes? Según su testimonio ellos. “Gangas”, palabra del fiscal, de 39 euros para volar de Madrid a Tetuán. Y dinero propio de quienes trabajan ahora por 1.300 o 1.400 euros al mes en cocina o jardinería o "me pagan un poco. 300 euros al mes, por jugar al fútbol y me ponen un piso”.

Todos se han quejado también del trato que recibieron en los centros, todos han expresado que si no denunciaron nada de lo que les sucedía ni de esas coacciones que la Justicia ya ha archivado era por “miedo” a represalias. Y todos han negado venir a declarar con el relato aprendido o haberse reunido para la estrategia en los propios baños del juzgado con el trabajador de Cruz Roja que sí logró localizarles y avisarles del juicio a diferencia del Juzgado.

Niega las visitas de Guerrero que están grabadas

A la defensa y a la Fiscalía les ha rechinado la historia tanto que se han esforzado en encontrarle la inconsistencia. Y al menos en un caso lo han logrado. Ninguno de ellos parecía mencionado en la denuncia que interpuso el ex trabajador de Cruz Roja por esas coacciones que se archivaron. Pero hoy estaban testificando. Y uno de ellos ha reconocido que fue Javier Guerrero quien le pagó durante “una semana o diez días” la famosa pensión de la Calle Real, cuando al cumplir la mayoría de edad tuvo que abandonar el centro. Incluso ha llegado a decir que le había encontrado trabajo en Sevilla.

“¿Javier Guerrero iba a visitarle a la pensión por las noches?”, le han preguntado las acusaciones. “No. Nunca”, ha respondido el ex menor, que entonces era ya en realidad mayor de edad. Pero lo cierto es que sí. Como el propio Izquierdo ha referido sin atreverse a ser tajante en la afirmación, en la causa por esos supuestos abusos contra Guerrero, el doctor está grabado entrando de noche en la pensión.

Este mismo testigo ha negado de forma tajante que Guerrero “me tocara ahí”. El Fiscal ha tratado de explotar la evidente vergüenza del testigo y le ha pedido que fuera claro. “La polla. Mi religión no me lo permite. Soy musulmán”. A esa negación se le ha pedido aclaración de la causa religiosa. El mismo ha reconocido que hay “muchos” en referencia a los homosexuales que profesan la fe musulmana, pero ha dejado claro que “la religión no lo permite” para explicar su negación.

Otra de las trabajadoras que firmó la denuncia contra Rodríguez que acabó archivada ha testificado también. Finalmente ha negado que ella viera alguna vez al director coaccionar o maltratar a ningún menor. Lo suyo llegó tras escuchar el relato de un menor contando estos supuestos malos tratos para tratar de conseguir que denunciaran a Guerrero.

La ex del Nene y López Franco

Esta ex trabajadora del centro es ex pareja del capo del narco, El Nene. Y Guerrero además de haber sido médico de su ex suegra, según ha relatado fuera del juicio el propio Rodríguez, en ocasiones habría sido encapuchado y llevado en coche a sanar heridas que habrían requerido demasiadas explicaciones en el hospital.

El último testigo del día ha sido el periodista jubilado, José López Franco. Él ha negado ser afiliado a Ceuta Avanza, pero sin venir a cuento ha dejado caer que sí le propuso en su día afiliarse el PSOE y “me hacían director de la tele”. López Franco ha ido de parte de Guerrero ha refrendar su teoría conspirativa, tampoco se entiende muy bien para qué.

Su relato si ha evidenciado algo es su falta de conocimiento del oficio, al menos de la parte que toca al periodismo de investigación. Según él, Guerrero vivía una conspiración para “zaherirle” y evitar que llegar a presentarse a las elecciones porque “perjudicaba al PP y al PSOE” y “se filtraban informaciones desde el juzgado y se adelantaban noticias”. En realidad, como le ha señalado el propio Fiscal, fue el mismo Guerrero el que se puso en el disparadero al señalar esa misma campaña y al dar aquellas declaraciones ante la Comisaría el 30 de septiembre. Hasta entonces, si se había publicado algo, nada parecía tan grave, como empezó a serlo desde aquel momento.

Aunque para entonces, Gonzalo Testa, al que ha mencionado con nombres y apellidos López Franco, entonces subdirector de El Faro, antes en este casa, y hoy director de RTVCE, llevaba semanas trabajando una investigación para tratar de contar la investigación en marcha contra Guerrero. Una investigación sobre un asunto que se llevaba, y aún hoy sigue así, con el máximo sigilo y confidencialidad. Y de la que en realidad, en Fiscalía están convencidos que ya había llegado el aviso al propio Guerrero a través de algún responsable de SAMU, que había sido necesariamente colaboradora en la investigación, al informar de comportamientos extraños en menores y del propio Guerrero que acabaron dando pie a la investigación dirigida por la Fiscalía y filmada por la Guardia Civil.