jueves. 04.06.2026

Insomnio, flashback, ideas suicidas, depresión, trastornos alimenticios y ansiedad. Son solo algunas de las muchas “huellas”, tanto “físicas, como psíquicas y sociales” que a día de hoy forman parte del día a día de la hija de María Ángeles Lozano, que ahora mismo tiene 21 años, pero que solo llegaba a los 17 el día que vio como su madre perdía la vida de un disparo en la cocina de su domicilio de Parques de Ceuta. Dos psicólogas y una médico forense han desvelado en la jornada de hoy cómo el incidente ha cambiado la vida de la joven.

Las tres profesionales, con amplia experiencia en situaciones de violencia de género, intervinieron en calidad de peritos ante la sala de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Cádiz desplazada en Ceuta. Allí expusieron las conclusiones de sus informes -en los que aplicaron la metodología comúnmente aceptada- que hablan de una secuela con síntomas biológicos, físicos y psíquicos.

Un horror compuesto por “palpitaciones, sensación de angustia, insomnio, pesadillas, recuerdos invasivos de los acontecimientos, conducta ansioso depresiva, problemas alimentarios, sentimiento de culpa”. Todo ello es resultado, según la médico forense de la “pérdida de la seguridad en el hogar”, derivada de que viera como su padre disparó a su madre en pleno domicilio.

Su estado actual, de "estrés postraumático", necesita de tratamiento, máxime cuando la joven ha llegado a expresar actitudes orientadas a la autólisis.

El pozo de la violencia

Intervino después durante la tercera sesión del juicio la psicóloga del Ministerio, que en su entrevista con la adolescente descubrió un largo historial de malos tratos, tanto hacia la fallecida Lozano como hacia ella. "Ella dice que no ha habido agresiones, porque no las interpreta así, pero yo como profesional si que aprecio que han existido", señaló, hablando de "zarandeos y empujones" que acompañaban a los habituales insultos y gritos que el hombre profería a las dos.

"Hasta que cumple nueve años no tiene carga psicológica, porque no entiende los sentimientos", prosiguió la experta, asociando el cambio de actitud de la niña -justo el que le echaron en cara la madre y la hermana del acusado el martes en su declaración- a haber observado y sufrido la violencia machista de A.G.D. desde la infancia. "En torno a los nueve o diez años, en la preadolescencia, cambia. Empieza a entender y a mostrar síntomas psicológicos. La sensación de miedo al padre se convierte en asco. Le deja de hablar  y solo interviene cuando abusa de la madre, adoptando un rol protector hacia ella que no le corresponde porque es una niña pequeña". 

Es entonces también cuando "deja de comer por no ver a su padre y no quiere estudiar". Estos síntomas, a juicio de la psicóloga, se interpretan en el colegio como resultado de "algún tipo de acoso escolar". 

Luego todo acaba de la peor manera, con el fallecimiento de su madre y, según la familia paterna, ella no se muestra afectada pocos días después por lo ocurrido. Algo que para las profesionales tiene todo el sentido. "Esto es un fenómeno psicológico que se da, sobre todo en jóvenes, cuando hay una muerte inesperada y la persona es incapaz de asimilar lo que ha pasado. Nos encontramos con una persona que parece que no está sufriendo. Interiormente está destruida, aunque salga con el novio y quiera estar por ahí, se va para distraerse. Se desconecta emocionalmente. Es un mecanismo de supervivencia de las personas para poder seguir hacia adelante", concluyó la psicóloga.

Expertas en psicología dan cuenta del sufrimiento de la hija de la fallecida en Parques...