viernes. 08.12.2023

Cada noche, al caer la luna sobre el cementerio de Praga, representantes de cada una de las Doce Tribus de Israel realizan un extraño ritual. Beben vino en los cráneos de los difuntos, mientras esperan a que se aparezca el demonio. Este nunca falta, fiel a una cita en la que da a sus contertulios instrucciones para que los judíos dominen el mundo. Estas líneas son la síntesis de uno de los libros más dañinos de la historia: Los Protocolos de los Sabios del Sión. La Rusia zarista lo distribuyó convenientemente para justificar sus enfrentamientos con los hebreos en aquel país. Años después, ese libro llegó a un lugar del centro de Europa. Ahí, un joven cadete llamado Adolf Hitler lo leyó, y pareció encontrar en el la guia que le faltaba a su vacía y miserable existencia. El resto de la historia es de sobra conocido. Hitler llega al poder años después, instaurando uno de los regímenes más nefastos de la historia de la Humanidad, pero rodeado de gente a la que no se le puede negar cierto talento, aunque empleado de la peor manera posible. Uno de ellos, su ministro de la Propaganda, Joseph Goebbels. Ya lo saben: una mentira muchas veces repetida acaba por convertirse en verdad.

Años después de aquel libro, de aquel acomplejado y despreciable cadete y de su infausto paso por este mundo, seguimos cayendo en el cliché generalizado, en no separar el polvo de la paja, en criminalizar o santificar a todo un colectivo en función de nuestras propias simpatías. Es el caso de los inmigrantes: como en todo grupo humano, incluyen a gente excelente, buena, normal y despreciable. Pero siempre el estigma, el calificativo de "todos iguales". Para lo bueno y lo malo.

En Ceuta lo sabemos bien. Y a ello se va uno de los más veteranos periodistas de nuestra ciudad, Pablo Matés, en la charla que ofrece en la Casa de la Juventud en colaboración con la Fundación CEPAIN. Sobre falsas noticias y rumores. Matés emplea una fecha en concreto,  aquella sobre la que el presidente de la Ciudad reitera -y con razón- que Ceuta se asomó al abismo. Esos días de mayo de 2021 en los que miles de personas entran a la carrera por el Tarajal y Benzú. Ocurrió, no es ninguna 'fake news'.

Matés, dirigiéndose a su público/ Mohamed Ettouileb
Matés, dirigiéndose a su público/ Mohamed Ettouileb

Lo que no ocurrieron en aquellos días fueron las violaciones grupales, ni los asaltos a domicilios. Y, por supuesto, no ardió el Colegio Público 'Maestro Juan Morejón', por el que la falsa rumorología parece tener una especial predilección. Hablamos del mismo centro educativo en el que se había secuestrado, supuestamente, a una niña con cloroformo a la entrada. En apenas dos horas, y según la versión que circulaba por la calle, la niña había sido encontrada degollada en Tetuán o violada en Sidi Embarek. No ocurrió nada de eso: solo faltaron dos niños a clase aquella jornada. Ambos estaban en casa y con gripe. Un comentario de una abuela y la fértil imaginación de uno de los alumnos, unidos a la cercanía del secuestro de la niña María de la Luz Cortés hicieron el resto. Ceuta se movilizó buscando a la niña que nunca desapareció.

Matés tira de un ejemplo muy gráfico. "Podemos encontrar a un señor vendiendo almejas con un cubo. Serán más baratas, pero nadie duda de que estarán en peor condición que otras que si podemos encontrar. Con la información, pasa lo contrario. La gente compra las almejas podridas. Lee la información de uno u otro diario no buscando la verdad, sino reafirmarse en sus propios postulados". Preocupante, pero cierto. ¿Es culpa, pues, del emisor o también del receptor?. Ahí queda la duda o, mejor dicho, el debate. Una estudiante: "no me informo. Ya me lo cuentan los demás" Y "¿quienes son los demás?", pregunta Pablo. "Mis amigos, mis compañeros"....

En aquellos días de histeria, se informó por parte de varios medios nacionales de fallecimientos en Ceuta. Solo hubo dos casos: un hombre que se ahogó cruzando a nado el Tarajal y otro que, ya en Ceuta, se subió a uno de los Hércules para hacerse un selfie. Segundos después, se precipitó al vacío fracturándose el cráneo. "Pero esos titulares siguen ahí, en la red. El estigma continúa". Un problema que la humanidad no ha logrado superar, pese a tanta tecnología y conocimiento como tenemos a nuestro alcance, desde aquellos años en que se publicó que los judíos conspiraban bajo la luna de la capital checa para dominar el mundo.

Aquel colegio que nunca ardió