Risas, música y nostalgia llenaron este lunes el salón de El Sarao, donde un grupo de mayores han compartido vivencias, anécdotas y emociones. La actividad, organizada dentro del programa de dinamización del centro, ha reunido a casi 600 participantes que, entre frutos secos y pasos de baile, han demostrado que las ganas de disfrutar no entienden de edad.
Historias con sabor a vida y a infancia
El día ha comenzado con un ambiente distendido. Sobre la mesa, platos vacíos que esperaban convertirse en cuencos repletos de almendras, nueces y pipas acompañaban las charlas improvisadas. Cada puñado de frutos secos, una excusa para recordar cómo se vivía antes.
“Nos juntábamos todos los amigos a comer pipas en la calle, sin móviles. Había menos cosas, pero más risas”, contaba una de las asistentes, mientras compartía recuerdos de su juventud.
Otros han rememorado los días de trabajo en el campo o las meriendas en familia, cuando el lujo era una bolsa de avellanas tostadas. “Eran otros tiempos, pero sabíamos divertirnos con poco”, añadía otro asistente entre risas.
La música, el hilo que une generaciones
Cuando comenzaron a sonar los primeros acordes, la nostalgia se convirtió en movimiento. Algunos se animaron a bailar y cantar canciones de su época, contagiando su alegría al resto.
“El cuerpo ya no responde igual" bromeaba Paquita, que va a cumplir 92 años. Y así, el salón se ha ido llenando en una escena que reflejó el espíritu festivo de la jornada.
Un espacio para compartir y sentirse en familia
El encuentro tiene como objetivo fomentar la convivencia, la memoria activa y el bienestar emocional de las personas mayores. Pero más allá del programa, lo que se vivirá será un día de amistad, ternura y complicidad.
Recuerdos que siguen vivos
Así, el evento continuó con una promesa: volver a estar el año que viene. Porque entre bromas, canciones y anécdotas, los mayores han demostrado que recordar también es una forma de celebrar la vida.

