París vivió ayer un momento de extraordinaria emoción: la reapertura de Notre Dame, la icónica catedral que ha desafiado el paso del tiempo y, más recientemente, las devastadoras llamas del incendio de 2019. La ceremonia de inauguración reunió a figuras destacadas de todo el mundo, desde jefes de Estado hasta líderes culturales, en un acto que celebró la resiliencia de este símbolo del patrimonio mundial.
Sin embargo, una silla permaneció vacía: la correspondiente a España, cuya ausencia oficial fue motivo de comentarios entre los asistentes. Un contraste llamativo para un país históricamente vinculado al arte y la cultura, y cuya relación con Francia se remonta siglos atrás.
La catedral, un prodigio del arte gótico y centro neurálgico de la vida parisina durante más de 850 años, resplandece ahora con renovado esplendor. La reconstrucción, llevada a cabo en tiempo récord gracias a la colaboración internacional, logró devolverle su gloria original, incluyendo la aguja que se desplomó trágicamente durante el incendio.
Tras una restauración monumental que devolvió a la icónica catedral gótica su esplendor, Notre Dame volvió a ser el corazón de París. La ceremonia inaugural contó con la presencia del presidente francés Emmanuel Macron y su esposa Brigitte, junto a figuras de renombre como Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania; Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos; el príncipe Guillermo, heredero al trono británico; y el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier. También asistieron celebridades del mundo artístico como el pianista Lang Lang y el director de orquesta Gustavo Dudamel. Sin embargo, España, uno de los mayores socios culturales de Francia, brilló por su ausencia en este evento global.
El presidente Macron describió la catedral como “el alma de Francia y una joya de la humanidad”, mientras que el arzobispo de París, Laurent Ulrich, destacó la magnificencia de los trabajos de restauración, calificándolos como un éxito del espíritu francés. Aunque el Papa Francisco no asistió, envió un mensaje subrayando el significado espiritual de la reapertura.
El evento culminó con un concierto de alto nivel en el que participaron artistas de renombre internacional, marcando el inicio de una serie de actividades que se extenderán durante seis meses, celebrando la resiliencia y el patrimonio cultural. La catedral, ahora restaurada y modernizada, se presenta como un símbolo de unión y fortaleza, aunque las ausencias internacionales dan que pensar sobre el alcance de su convocatoria
La ausencia de España, sin embargo, no pasó desapercibida. "Es sorprendente que no haya un representante de un país con una tradición tan rica en catedrales góticas”
Notre Dame, ahora restaurada, vuelve a abrir sus puertas no solo como lugar de culto, sino como un símbolo de esperanza y unidad mundial. Sin embargo, esta reapertura deja un recordatorio: las grandes ocasiones piden presencia, y España, en esta oportunidad, estuvo ausente.
