Nuevas caras del horror: jóvenes reflexionan sobre la violencia de género moderna
La Asociación de Mujeres Progresistas María Miaja, en colaboración con la Casa de la Juventud, ha impartido un taller que explora las formas contemporáneas de violencia de género. El objetivo: abrir los ojos de los más jóvenes a realidades como la sumisión química, la violencia vicaria, el acoso online y la violencia de segundo orden.
En una sociedad que avanza tecnológicamente, pero que aún arrastra las sombras de la desigualdad, el taller "Nuevas formas de violencia de género" ofreció una visión descarnada de cómo la violencia contra las mujeres ha mutado, adaptándose al mundo moderno. La actividad, organizada por la Asociación de Mujeres Progresistas de Ceuta María Miaja en colaboración con la Casa de la Juventud, no fue un simple evento informativo; fue un golpe de realidad dirigido a jóvenes que habitan un contexto social tan lleno de oportunidades como de riesgos.
A través de este taller, se planteó un recorrido por las manifestaciones contemporáneas de la violencia de género, fenómenos que, aunque invisibles para muchos, son cada vez más frecuentes. Uno de los temas centrales fue la sumisión química, un método de agresión basado en el uso de drogas para anular la voluntad de la víctima, ya sea a través de bebidas adulteradas o incluso los temidos pinchazos que han generado alarma en eventos y espacios públicos.
Otro de los focos estuvo en la violencia vicaria, aquella que utiliza a los hijos como instrumentos para infligir daño emocional, un horror que no solo lastima a las madres, sino que rompe los tejidos familiares. La violencia online también ocupó un lugar destacado: prácticas como el sexting (envío de imágenes íntimas), la sextorsión (chantaje con dichas imágenes) y el ciberacoso son solo algunas de las formas en las que la tecnología amplifica el alcance del abuso.
Por último, el taller abordó la violencia de segundo orden, una expresión menos conocida pero igualmente devastadora, que afecta a quienes apoyan a las víctimas, como familiares o profesionales que sufren represalias por su ayuda.
El taller no solo buscó sensibilizar, sino también empoderar a los asistentes. Fue un espacio para reconocer que el cambio comienza con la educación, el diálogo y la visibilización de estos problemas. En palabras de una de las organizadoras, “no podemos combatir lo que no reconocemos, ni protegernos de lo que no comprendemos”.
En una sala llena de jóvenes, el mensaje quedó claro: la violencia de género no es solo un problema del pasado, sino una amenaza en constante evolución que requiere nuevas formas de resistencia. Con este taller, se dio un paso crucial hacia esa resistencia.