¿De qué nos morimos en Ceuta?
Si se analiza con frialdad, es el acto más democrático de la existencia humana: la muerte. Todos estamos llamados a encontrarnos en algún momento con 'la parca', algo consustancial a la propia vida. Por muy doloroso que resulte el fallecimiento de un familiar o un ser querido, por mucho que nos neguemos a ello, por mucho que queramos extender nuestra vida -y con calidad de vida, en las últimas décadas-, sigue siendo el único camino que, tarde o temprano, recorreremos todos.
Pero más allá de estos lugares en común del pensamiento colectivo, están los datos. Las causas. La muerte tiene diferentes formas, pero la manera de morirse o, mejor dicho, las causas que la provocan puede ser también una perfecta radiografía social de nuestros estilos de vida, de nuestros entornos o de la evolución de nuestras sociedades.
Porque ¿de qué nos morimos en Ceuta?, por ejemplo. La causa de toda muerte humana es la falta de aire en el cerebro, pero hay diversas maneras de llegar a ese extremo. Según el Instituto Nacional de Estadística, durante el pasado año el mayor número de defunciones tuvo relación con el corazón. Las tasas de fallecimientos por cada 100.000 habitantes más elevadas tuvieron que ver con el músculo cardíaco. Así, por ejemplo, la tasa de insuficiencia cardíaca fue de 71'08, mientras que las enfermedades isquémicas (infartos agudos de miocardio, anginas de pecho, etc) supusieron un 56'62. Sólo hablamos de causas naturales, puesto que la estadística omite datos sobre suicidios, accidentes de cualquier índole o asesinatos.
En tercer lugar, figuran las neumonías, que alcanzaron un 42'27, seguidas de los accidentes cerebrovasculares que alcanzaron un 36'14. Le siguen la diabetes mellitus, con un 25'30 y el Alzheimer, con una tasa de 19'30 por cada 100.000 casos.
Como decíamos, y a pesar de que nadie está libre de padecer ninguna enfermedad, si se aprecia una alta prevalencia de las enfermedades cardíacas o relacionadas con una mala alimentación, como pueda ser el caso de la diabetes mellitus. En cuanto a la gran pesadilla de los últimos años, el coronavirus, la tasa ha ido descendiendo desde que el 'virus de Wuhan' se hizo presente en nuestras vidas. Así, el año pasado la tasa de defunciones alcanzó el 8'43, muy lejos del 60'20 de 2022, el 74'85 de 2021 o el 70'3 de 2020. El virus parece, al fin, cronificado aunque no extinguido. A fin de cuentas, y dejando de lado sentimientos, era a lo que se aspiraba, con lo que se soñaba, en el mayor encierro colectivo de la historia de la humanidad.