De la muerte del Papa a la Sede Vacante
Confirmación y luto
El fallecimiento del Papa se certifica oficialmente en el Vaticano tras la constatación del óbito por el Doctor de la Casa Pontificia. Inmediatamente, el Camerlengo —actualmente el cardenal irlandés, Kevin Farrell— procede a verificar la muerte del Pontífice cerrando la habitación papal y rompiendo el anillo del Pescador, símbolo del papado.
Novemdiales y funeral
Durante los nueve días posteriores al deceso, llamados “novemdiales”, la Curia Romana reza por el alma del Pontífice y organiza el funeral, que atrae a miles de fieles y jefes de Estado
Administración interina y preparación del Cónclave
El Camerlengo al frente
Con la Sede Vacante, el Camerlengo asume el gobierno temporal de la Iglesia, supervisando los asuntos ordinarios y protegiendo los bienes del Vaticano, pero sin poder legislar para el futuro pontificado.
Convocatoria del Cónclave
Dentro de los 15 a 20 días siguientes, los cardenales menores de 80 años son convocados al Cónclave en la Capilla Sixtina. El límite de edad actual para los cardenales votantes se fijó en 80 años en 1970. Se prohíbe cualquier contacto externo a fines de garantizar el secreto; los purpurados juran no divulgar lo ocurrido en su interior. Actualmente hay 222 cardenales, de los cuales 120 pueden votar.
El Cónclave: ritual y votación
Una vez convocado, el Colegio Cardenalicio queda clausurado en la Capilla Sixtina “extra omnes” (fuera todos los no participantes) y sólo se levanta el cerrojo cuando surge la fumata blanca. Salvo casos de fuerza mayor (enfermedad grave, incendio…), ningún cardenal puede abandonar el recinto hasta la proclamación del nuevo Papa.
Antes de entrar, todos los purpurados juran “guardar la integridad del Cónclave” y mantener en secreto cada detalle: sesiones, debate y resultados. Solo un puñado de asistentes —oficiales de protocolo, sacristanes y algunos auxiliares— tiene contacto restringido con los cardenales.
Bajo supervisión del Maestro de Ceremonias, se preparan las papeletas y se designan a “recogedores” (encargados de recolectar los votos) y “escrutadores” (que los cuentan). Cada tarjeta lleva impresa la leyenda “Elijo a su santidad el Papa…”.
Tras cumplimentar el voto en secreto, los recogedores introducen las papeletas en un recipiente. Luego los escrutadores tabulan y reafirman los resultados. Seguidamente, y frente a todos, se queman: el humo negro tras cada ronda indica “sin elección”; el humo blanco, “Papa electo”.
Ritmo de las votaciones
- Día 1: una sola votación.
- Días siguientes: hasta cuatro escrutinios diarios.
- Se necesita mayoría cualificada de dos tercios para elegir al nuevo Papa. Tras cada escrutinio, el humo que sale por una chimenea distingue la fumata blanca (papa elegido) de la negra (sin elección)
- Descanso tras tres jornadas sin resultado: un día completo de oración y reflexión.
- Repetición del ciclo: si tras siete de esos ciclos no hay fumata blanca, se convoca una “segunda vuelta” exclusiva entre los dos cardenales más votados.
Estos rituales, forjados a lo largo de siglos, persiguen garantizar que la elección del Pontífice se realice sin presiones externas, en un clima de profunda oración y recogimiento, y salvaguarden la legitimidad del nuevo Papa tanto delante de Dios como de toda la Iglesia.
Proclamación y Habemus Papam
Una vez alcanzada la mayoría, el Decano del Colegio Cardenalicio anuncia desde el balcón de San Pedro el “Habemus Papam”, y el nuevo Pontífice imparte la bendición “Urbi et Orbi”.
El Jubileo: ¿trastocado por la Sede Vacante?
Naturaleza y fechas del Año Santo
El Jubileo es un Año Santo convocado periódicamente desde 1300. El actual, iniciado en diciembre de 2024 y vigente hasta el 6 de enero de 2026, se propone como tiempo de perdón, esperanza y renovación.
Sincronización con el relevo pontificio
Aunque la elección pontificia y la apertura o cierre de puertas santas son ceremonias distintas, ambas requieren coordinación entre la Curia y las autoridades civiles de Roma. En 2005, tras la muerte de Juan Pablo II, el Jubileo 2000 no se vio afectado; del mismo modo, en 2025, la programación jubilar mantiene sus actos, aunque con la participación del nuevo Papa en la “Puerta Santa” una vez electo
