jueves. 04.06.2026

La situación en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta ha llegado a un punto límite. Así lo denuncian el Sindicato de Enfermería, que alerta de unas condiciones asistenciales “deplorables” marcadas por el hacinamiento, la escasez de recursos y una presión constante por parte de la Dirección. El dato más preocupante: una sola enfermera es la responsable de atender a alrededor de 1.000 residentes en un centro que se encuentra, aproximadamente, al doble de su capacidad.

220 personas confinadas en el garaje en condiciones “infrahumanas”

De acuerdo con el Sindicato, "el CETI acoge actualmente a un número de personas muy superior al previsto, lo que ha obligado a habilitar espacios provisionales para alojar a los recién llegados. En concreto, muchos de ellos están siendo ubicados en el garaje del centro hasta que pueden ser dados de alta, una solución temporal que, según el personal sanitario, se está convirtiendo en habitual."

La gravedad de la situación se ve aún más acentuada por la realidad que se vive en el garaje del centro, donde actualmente permanecen unas 220 personas que no salen de ese espacio ni siquiera para comer. Según denuncian los trabajadores, el director del centro ha dado orden expresa de que la comida se les entregue en bolsas dentro del propio garaje, prolongando así su permanencia en un lugar que no está habilitado, ni técnica ni sanitariamente, para albergar residentes.

La situación higiénica del garaje es calificada como totalmente caótica. Se trata de un espacio que no reúne las mínimas condiciones para el alojamiento de personas y que, sin embargo, está siendo utilizado como zona residencial improvisada. En el suelo se han colocado colchones sin ningún tipo de orden ni separación adecuada, hasta el punto de que llegan a dormir hasta tres inmigrantes en un mismo colchón, debido a la falta de espacio y a que no caben más colchones en la superficie disponible.

Atención sanitaria en un espacio ilegal e insalubre

Satse advierte de que uno de los aspectos que más preocupa es la pretensión de la Dirección del SETI de que la enfermera se desplace al garaje para atender a los residentes. Los trabajadores subrayan que ese habitáculo no reúne condiciones higiénico-sanitarias de ningún tipo, por lo que prestar asistencia sanitaria en ese entorno sería, además de antihigiénico, totalmente ilegal.

La atención sanitaria en ese espacio no solo carece de garantías básicas de higiene, sino que supone un riesgo evidente tanto para los pacientes como para los profesionales. Los propios trabajadores recalcan que el garaje no está preparado para ningún tipo de intervención clínica, ni siquiera básica.

Sin medios para atender una urgencia vital

A esta situación se suma un dato especialmente alarmante: entre el garaje y el consultorio de enfermería y medicina del centro no hay más de dos minutos andando. Todo el material sanitario y el aparataje necesario para una atención adecuada se encuentra en ese consultorio, no en el garaje.

Los trabajadores advierten de que, en caso de una urgencia vital, como un infarto o una hemorragia grave, no se podría actuar con garantías en el garaje, ya que allí no existe ningún medio técnico: no hay electrocardiograma, no hay palos de gotero ni equipamiento básico para una intervención sanitaria segura.

Presiones y amenazas desde la Dirección

La presión ejercida sobre el personal de enfermería se ha concretado, además, en una amenaza directa. Según denuncia Satse, el director del SETI ha advertido de que si las enfermeras no atienden a estas personas en el garaje, en el próximo pliego de contratación del servicio sanitario se especificará que el personal deberá atender a los usuarios “allá donde estén”, dentro o fuera del CETI.

Esta posibilidad es calificada por los profesionales como totalmente inaudita, al considerar que vulnera cualquier criterio mínimo de seguridad, legalidad y dignidad

Una sola enfermera para mil residentes

La falta de refuerzos de personal ha agravado aún más el problema. Hasta ahora, la atención de primeros auxilios y los traslados hospitalarios de los recién llegados habían sido asumidos por Cruz Roja. Sin embargo, el aumento de residentes y la ausencia de personal sanitario suficiente han desbordado el sistema.

En los últimos pliegos del contrato, que debían haber entrado en vigor el 1 de enero de 2026, se contemplaba la incorporación de un auxiliar sanitario durante los fines de semana. No obstante, aunque el contrato ya ha sido adjudicado, todavía no ha sido firmado por el ministerio correspondiente, lo que impide que este refuerzo se haga efectivo. El resultado es una sobrecarga extrema: una sola enfermera atendiendo a cerca de 1.000 personas.

Riesgo para pacientes y profesionales

Los trabajadores advierten de que esta situación no solo pone en peligro la salud de los inmigrantes alojados en el CETI, sino también la integridad física y psicológica del personal sanitario. La sobrecarga asistencial, unida a las condiciones de trabajo y a las amenazas recibidas, está generando un clima de gran preocupación.

“Bárbaro e infrahumano”

El personal sanitario no duda en calificar la situación como “bárbara e infrahumana”. Consideran que mantener a más de doscientas personas confinadas en un garaje, alimentándolas allí mismo y pretendiendo además que reciban atención sanitaria en ese entorno, supone un grave atentado contra la dignidad humana y contra los principios más elementales de la asistencia sanitaria.

SATSE pide una intervención urgente

Ante este escenario, el personal del CETI reclama ayuda urgente para poder continuar trabajando en condiciones mínimas de seguridad. El sindicato SATSE ha anunciado que, de persistir esta situación, solicitará una cita con la Delegación del Gobierno para abordar este y otros asuntos que inquietan gravemente al personal sanitario.

El objetivo es que la delegada del Gobierno pueda conocer de primera mano la realidad que se vive actualmente en el CETI, un centro que, según los profesionales, se encuentra al borde del colapso sanitario y en condiciones “infrahumanas”

Una sola enfermera para mil pacientes: el colapso sanitario del CETI