El disfraz para la merienda y el concurso es un secreto bien guardado dentro del taller. “Es una sorpresa, pero estamos poniendo mucho esfuerzo y cariño en cada detalle”, comenta Muñoz. La confección ha requerido semanas de trabajo, con la implicación de decenas de alumnas que, con sus habilidades en punto y crochet, están creando atuendos únicos.
Para la cabalgata, el grupo ha optado por una propuesta diferente: irán "divinos", vestidos como dioses griegos. Aunque algunos han decidido confeccionar sus propios atuendos, la mayoría ha optado por comprarlos ya hechos, asegurando así la uniformidad del grupo. “Queremos que todo el mundo que participe lleve el mismo estilo"
La iniciativa no está limitada a los miembros del Centro de Mayores, ya que cualquier persona interesada, incluidos niños, puede sumarse a la celebración, incluso personas que no formen parte de los talleres, pero "es importante coordinarse con nosotros antes de sumarse al desfile”, explica la monitora, que advierte que esta será la última semana para apuntarse, ya que es necesario planificar tanto los disfraces como la logística del evento. Los interesados pueden acudir por la mañana al taller o contactar con María Contreras, coordinadora del centro, para recibir más información.
El grupo, que cuenta con una gran cantidad de participantes, necesitará una carroza grande para la cabalgata, aunque muchas personas también participarán caminando. “Subiremos a la carroza a quienes tengan más dificultades para andar, como hacemos cada año”, explica Muñoz
Por otra parte, también preparan la merienda del 6 de marzo, donde además del concurso de disfraces, se celebrará una jornada de convivencia. “Este año es obligatorio ir disfrazado, no basta con un antifaz”, recalca la monitora. Aquí sí que están trabajando en los disfraces, porque es tradición del taller que todo lleve, al menos, algo de punto. El secretismo es máximo, así como el entusiasmo que se siente en el taller, donde más de 50 participantes trabajan en la elaboración de sus trajes. “Cada uno se está haciendo su propio disfraz, pero seguimos un tipo común para que todos vayamos iguales”,
El taller de punto, que funciona durante todo el año con 130 alumnas repartidas en cuatro turnos, es un espacio de aprendizaje y convivencia. Algunas participantes, como Conchi, llegaron sin conocimientos previos y ahora son capaces de confeccionar sus propias prendas. “Aquí todo se aprende con paciencia y cariño”, concluye Muñoz, orgullosa de su grupo.
Con aguja y lana en mano, las integrantes del taller ultiman los detalles para vivir un Carnaval lleno de ilusión, tradición y creatividad.
