La sesión de tarde de esta jornada del macrojuicio que encausa a varias personas por su presunta pertenencia a una red de blanqueo de capitales y narcotráfico ha transcurrido con momentos de tensión entre dos de los testigos y el fiscal, Leopoldo Sánchez Valencia. Estos dos testigos eran el ex marido de una acusada y padre de otros cuatro, así como el hijo de uno de estos, prófugo de la justicia española desde hace más de un lustro.
El primero en comparecer fue el padre, que rememoró parte de su propia vida. Llegó a Ceuta en 1976, para trabajar en una empresa de construcción que permitió levantar edificios como Empire (actual Sfera), el lateral a la catedral por la Plaza de San Daniel o el Mercado de Hadú. Y recordó que ya por entonces comenzó a comprar caballos, "porque me gustaban", admitió, ya que "llevo toda mi vida en el campo".
Sin embargo, se divorció de su mujer con la que mantiene una buena relación hace más de veinte años, por lo que decidió establecerse en la localidad malagueña de Nerja. Hace unos años decidió comprar una finca, El Toboso, en Málaga para criar a sus caballos, en compañía de su nieto (otro testigo) e hijo de uno de los dos huídos. Esto lo puso a nombre tanto de el como de su hija menor "puesto que la tía y el sobrino apenas se llevan unos años", recordó, "y son los únicos de la familia a los que le gustan los caballos. De hecho, aquí en Ceuta hay un caballo, Noble, que lo tiene mi nieta porque se lo regalé yo para la primera comunión".
Esto lo hizo con un préstamo personal, en el que figuraba como avalista de su nieto -entonces un estudiante de 18 años de un grado de Farmacia- "ya que son los únicos que les gustan los caballos de toda la familia, al margen de mi hijo" para que no se perdiera la ganaderia. "Yo cobro 1.568 euros de pensión, pero entonces llegaba a ingresar más de 3.700 todos los meses", justificó, recordando en varias ocasiones haber sufrido un episodio de salud. También adquirió un coche "que era de la pareja de mi otra hija" (la que de momento no está siendo juzgada por motivos de salud) y que al parecer le hizo buen precio por el lazo familiar. Sin embargo, la tensión con el fiscal estalló cuando este le preguntó por una tercera persona, en teoría representante ante las instancias que fueran necesarias tanto de el como de su hija, y el padre preguntó "si es que mi hijo ha cometido algún delito". "¿Sabe usted que su hijo está prófugo de la justicia", respondió el fiscal. Cuando trató de responder, el presidente de la Audiencia, Fernando Tesón, le recordó que no podía entrar en debate con el fiscal. "No interesa que se sepa la verdad", dijo. Un detalle que es clave para entender la tensión: aportó fotografías de los más jóvenes de la familia montando a caballo, así como de uno de sus hijos.
¿Por qué este detalle es clave?. El fiscal Sánchez protestó diciendo que el siguiente testigo, nieto del anterior, había estado presente en varias sesiones con anterioridad y que incluso había estado escuchando por una puerta contigua a la sala de audiencias, por lo que pidió se desestimase su testimonio. La letrada que representa a su abuela y ex mujer del anterior no rechazó el testimonio, y el fiscal decidió interrogarle. Sobre todo, por una frase del testigo "Yo también tengo fotos". "¿Cómo que también? ¿Como sabe usted que su abuelo ha traído fotos?", insistió.
Sobre el momento en que su abuelo decide poner una finca ecuestre a su nombre "mi abuelo me avalaba y yo ponía mi juventud". El fiscal le recordó que el avalista "es quien paga en caso de que no lo haga el titular", por lo que preguntó por su capacidad financiera a los 18 años. "Mi abuelo me dejaba el dinero y yo desde entonces trabajo en los caballos. Lo alquilo a otros jinetes, y con eso saco dinero para pagar la comida y mantener los míos", desveló. También acusó a la Guardia Civil de haberse llevado "un dinero que teníamos aquí de alquileres que hacíamos de caballos para ir a romerías como El Rocío" en el momento "en que nos entró la ruina esta", en referencia a la operación.
La tarde siguió con testimonios de varios agentes. En muchos de ellos se habló de un alijo que se iba a desembarcar en la playa de Bolonia (Tarifa) y en una finca que iba a hacer las veces de 'guardería para enfriar' la droga antes de ser distribuida. Por enfriar, explicó uno de los agentes, se entiende guardar la droga hasta el momento de ponerla en circulación. Tanto en el registro de las viviendas de Postigo como de Avenida Lisboa, llamó la atención de los agentes el alto número de relojes encontrados, el dinero que tuvieron que localizar los perros especialistas y varias tarjetas telefónicas.





