Un año más alzamos la voz por todas las que no pueden hacerlo, por todas las que no están

Fatima Sohora Mohamed, Julio Basurco, Mohamed Mustafa,Julia Fererras y Muad Ayadi

Un año más alzamos la voz por todas las que no pueden hacerlo, por todas las que no están.

En nuestro país, desde el 25 de noviembre de 2023 han sido asesinadas cuarenta y seis mujeres. Asimismo, esa otra forma de maltrato hacia la mujer conocida como violencia vicaria se ha cobrado la vida de diez niños y niñas con el objetivo de causar dolor a sus madres. Veintinueve niñas y niños han quedado huérfanos. 

Es vital que no nos invada la insensibilización No podemos normalizar lo intolerable. Veinte años después de la aprobación de la Ley contra la Violencia de Género, los asesinatos consecuencia de la violencia machista persisten estancados en una cifra que sólo puede ser calificada de escalofriante, al igual que se han estancado las respuestas institucionales, incapaces de prever e implementar mecanismos de respuesta específicos y efectivos. Por esta razón, hoy exigimos que los organismos públicos, obligados a proteger y garantizar el derecho de las mujeres, y sus hijas e hijos, a vivir una vida libre de violencia, sean más eficaces y resolutivos.

Hoy queremos poner de manifiesto la necesidad de combatir todas las formas de discriminación que constituyen el caldo de cultivo de las diferentes formas de violencia que condicionan o destruyen la vida de las mujeres y las niñas. Violencias que se ejercen en cualquier lugar del planeta y que afectan a mujeres de toda clase social, origen, cultura, edad o estado civil, pero que golpean con especial dureza a las más vulnerables; a quienes viven en entornos de pobreza y precariedad; a mujeres migrantes, con discapacidad, del mundo rural; a mujeres que sufren conflictos bélicos en los que la tortura sexual y el machismo más salvaje y despiadado se emplean como arma de guerra. Alzamos la voz por las mujeres palestinas, libanesas, congoleñas, ucranianas, afganas, etíopes, sudanesas, yemeníes. Gritamos por aquellas cuyos gritos no son escuchados.

Del mismo modo, debemos señalar que, cuando se producen catástrofes naturales, son las mujeres las que más sufren. La DANA que asolado Valencia y ha golpeado a Málaga y otras poblaciones, también ha implicado un mayor desamparo para las víctimas de violencia machista ante el recrudecimiento de su situación.

No podemos tolerar la frivolidad. Debemos combatir el discurso negacionista de la violencia machista, reproducido por formaciones políticas y corporaciones mediáticas que contribuyen a una revictimización de las mujeres, alentando así una impunidad inaceptable que refuerza a los agresores y al sistema patriarcal. Se acabó. Han sido siglos de violencia física, psicológica, sexual, económica, institucional, simbólica y, ahora también, digital. Siglos de dominio e imposición. Nos han enseñado a callar, a tener miedo, a asumir que nuestra palabra no merece la mínima credibilidad. Siglos de un silencio impuesto porque el silencio es necesario para mantener la violencia. Basta ya. Es el momento de que “la vergüenza cambie de bando”.