domingo. 05.02.2023

La mujer 100

Se cumplen cien años del nacimiento de la gran Ava Gardner, icono de la época dorada del cine, y protagonista de noticieros, comidillas y muchas y grandes películas que quedan en la memoria.

El día de Nochebuena de 1922, en Carolina del Norte, nació esta muchacha de origen humilde en el seno de una familia de cultivadores de tabaco y algodón. Pero la evidente y apabullante belleza de Gardner era imparable, y con 18 años, mientras estaba visitando a su hermana Beatriz en Nueva York, el marido de esta, que era fotógrafo, le pidió si le podía hacer algunas fotos y decidió colgarlas en el escaparate de su estudio fotográfico de la Quinta Avenida. La aparición de un cazatalentos que le diera su primera oportunidad en el mundo del artisteo era cuestión de poco tiempo y aquel mismo año (1941) se le ofreció un contrato de siete años con la compañía MGM. Dejó la escuela para ir a Hollywood con su hermana Beatriz y lo primero que hizo fue ir a clases de arte dramático y de dicción, para pulir su marcadísimo e ininteligible acento sureño.

Fue una de las grandes protagonistas de los años dorados de Hollywood, y trabajó con los más grandes, al lado de una lista interminable de estrellas de la actuación y la dirección que no tendría sentido enumerar aquí por falta de espacio.

“El animal más bello del mundo”, como la bautiza la voraz industria del cine, muy a pesar de la actriz, contaba con un poderoso físico que bien pudo eclipsar una enorme capacidad interpretativa y restar seriedad a su paso por la industria del cine, aunque, afortunadamente, el tiempo en esto del arte, como en tantas otras cosas, pone a cada cual en su sitio.

En lo que se refiere a su vida personal, Ava estuvo casada en tres ocasiones, todas ellas con artistas conocidos; tuvo un primer matrimonio con el archiconocido actor Mickey Rooney poco después de llegar a Hollywood, y duró menos de un año. Fue la única que nunca pidió indemnización de su matrimonio con él. El segundo, en 1945 fue con el mítico músico Artie Shaw, exmarido de Lana Turner, y fue igualmente breve. Entre medias, fue pretendida hasta el exceso por Howard Hughes, millonario de vocación y profesión, pero ella lo acabó rechazando siempre. Su tercer marido fue el legendario cantante y actor Frank Sinatra, quien se separó de su esposa por ella, y con el que estuvo casada durante seis tormentosos años, entre 1951 y 1957; su relación fue fuente de noticias y estuvo en boca de sensacionalismo durante mucho, mucho tiempo, para pesar de la estrella.

La relación que sí que no le resultó desafortunada fue la que tuvo, intensísima, con nuestro país, al que llegó a principios de los años 50 del siglo pasado, para el rodaje de Pandora y el holandés errante. Quedó enamorada de España, tanto que se quedó a vivir entre el anonimato, los toros, el flamenco, Madrid, el hotel Intercontinental con su suite presidencial, y la fiesta nocturna (todos, elementos que ella adoraba), nada menos que 17 años.

En su haber, quedan títulos como Venus era mujer (1949), Magnolia (1951), Las nieves del Kilimanjaro (1952), la mítica Mogambo (1953), La condesa descalza (1954), no menos mítica, y de la que se dijo que la intérprete se llevó fatal fuera de las cámaras con Humphrey Bogart, el otro protagonista de la cinta, o 55 días en Pekín (1963).

Gardner, que siempre tuvo una salud delicada, murió en Londres de una neumonía a los apenas 67 años de edad, el 25 de enero de 1990. En caso contrario hubiese cumplido ahora la redonda cifra de 100 años, y desde aquí le dedicamos humildemente el recuerdo que se merece.

JUAN CARRASCO DE LAS HERAS [email protected]

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