Cada 2 de mayo se celebra el Día Internacional contra el Acoso Escolar, pero para FAMPA 4 culturas Carmen Cabestany no basta con conmemorar ese día. “No queríamos quedarnos solo con el manifiesto o el comunicado, queríamos ir un poco más allá”, cuentan desde FAMPA con voz firme, pero visiblemente emocionada.
“El acoso escolar es el gran desconocido entre todos los tipos de maltrato2, y es por ello que hoy Ceuta ha contado con la visita de Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación NACE (No al Acoso Escolar Escolar, España).
Cabestany lleva años luchando contra lo que califica como “un enemigo invisible”. O más bien se podría decir: informando sobre él. En su recorrido ha encontrado una dolorosa constante: la falta de conciencia real sobre la gravedad del acoso escolar. “Lo hemos comparado con el cáncer”, explica. “Sabes que existe, pero hasta que no te toca, no te das cuenta de lo que implica. Como madre, como profesora… mientras no te golpea de cerca, simplemente no lo ves”.
Además, Cabestany afirma que “esa ceguera social está muy presente en las aulas. Según la presidenta de NACE, muchos docentes, directores e incluso inspectores “creen que no hay acoso en sus centros, y lo creen sinceramente. Pero no ven lo que tienen delante”.
“A los niños no se les escucha”
Desde NACE, la labor principal es acompañar a las víctimas y sus familias, muchas veces al borde del colapso emocional. “Hemos tenido que recomendar cambios de centro. Claro que nos duele, pero estamos hablando de vidas. De niños al borde del suicidio”, afirma con contundencia.
La asociación ofrece formación a docentes, monitores, fuerzas del orden, sanitarios, estudiantes, familias, así como elaboración de peritos judiciales en casos de acoso escolar... “La conciencia y la consciencia son nuestras dos armas clave. Si no eres consciente del problema y no tienes la voluntad de actuar, no hay solución posible”.
Cabestany insiste en que el acoso no es una travesura, no es “cosa de niños”. Y añade una frase que estremece: “Una psicóloga le dijo a una niña que simplemente no hiciera caso, que ya cansarían. Esa niña ya se quería tirar por la ventana”.
“No se habla de acoso escolar en casa”
“No se habla de acoso escolar como se habla de drogas, alcohol o sexo”, denuncia Cabestany. “Ni en casa ni en los medios. Cuando pides espacio en televisión, te conceden flashes, cifras y poco más. Pero esto no se arregla en cinco minutos, esta lacra está matando”.
Con su programa de radio La Voz del Silencio, Cabestany da voz a madres, docentes, artistas, psicólogos... personas que han vivido o han decidido implicarse. “Próximamente acudirá una actriz que ha escrito un libro sobre su experiencia, pero me dijo: ‘te doy la entrevista, pero por favor, primero léete el libro. Está basado en hechos reales” y por eso es necesario cuidar la historia.
“Los niños no lo cuentan”
¿Por qué las víctimas no denuncian? “Por miedo a ser tachados de chivatos, por no hacer daño a su madre, o por temor a que se monte una guerra familiar”, enumera Cabestany. “Y mientras tanto, padres rotos, profesores confundidos, psicólogos sin herramientas…”.
Apunta también al agujero negro de la salud mental infantil. En Ceuta, por ejemplo, no hay unidad de salud mental infantojuvenil. ¿La solución? Que los psiquiatras de adultos atiendan a los niños. “A mí me han dicho: ‘Le damos un ansiolítico y para casa’. Pero ¿cómo vamos a tratar así a un menor con intento de suicidio?”.
Una formación que no llega
Para Cabestany, la falta de formación específica es el gran talón de Aquiles del sistema. “En magisterio, psicología o pedagogía apenas se habla del acoso escolar. Los futuros docentes salen sin saber reconocerlo. Y luego llegan a un aula con un enemigo que no ven”.
En sus sesiones de formación, ha visto a maestras llorar. “Una me dijo: ‘Ahora me doy cuenta de que lo que viví era un caso de acoso. Y no supe verlo’. Ahí es cuando sabes que has llegado”.
Una lucha compartida
Pese a todo, Carmen Cabestany no pierde la esperanza. “Yo creo que esto va a ir a mejor. Cada vez hay más familias que piden ayuda, más profesores que se forman. Pero debemos dejar de mirar a otro lado. Porque los niños se siguen matando. Y no podemos permitirlo”.
Su mensaje es claro: el acoso escolar no desaparecerá solo. Hace falta conciencia, formación, recursos, y sobre todo, implicación. “Esta es una responsabilidad compartida. Y cada uno debe asumir su parte”.
