Cada 8 de noviembre se celebra el 'Día Mundial sin WiFi', una jornada simbólica que invita a desconectar de la red para reconectar con lo que realmente importa: las personas, el entorno y uno mismo. En un mundo cada vez más dependiente de la tecnología, pasar un día sin conexión puede parecer un desafío. Sin embargo, en el Centro del Mayor, los participantes del taller de informática demuestran que la tecnología también puede ser un puente -y no una barrera- entre generaciones.
En la sala donde habitualmente suena el tecleo de los ordenadores, hoy el ambiente es diferente. Algunos mayores comparten risas, otros hojean apuntes impresos y otros recuerdan cómo eran las cosas "cuando todo se hacía cara a cara".
"Si querías ver a alguien, le decías ‘mañana a las seis en tal sitio’… y allí estábamos todos, sin avisos ni mensajes” recuerda Paco, uno de los usuarios de estos talleres.
El mundo de la tecnología, una sorpresa para muchos
Muchos de ellos se iniciaron en la tecnología hace apenas unos años. Aprendieron a encender un ordenador, a escribir en Word, a buscar en Google o a mandar correos electrónicos. Algunos se atreven incluso con Facebook, donde comparten fotos familiares o saludan a antiguos compañeros. Otros, como Adela, sacan fotos de Facebook y las comparten con sus contactos.
En cuanto a los dispositivos móviles antiguos, Paco no lo duda: “Mi primer móvil era un ladrillo”, bromea echando la vista atrás para recordar el aspecto de su primer teléfono móvil.
Y a pesar de las dificultades que ellos encuentran, en este taller de informática, los ordenadores están encendidos y las pantallas llenas de ventanas de Word, Google, correo electrónico e incluso Facebook. Los participantes, la mayoría jubilados, se concentran con entusiasmo mientras el monitor explica pacientemente cómo redactar un documento o enviar un mensaje.
Y aunque la mayoría disfruta de las ventajas de internet, también tienen claro que no todo en el mundo digital es positivo.
