En aquel "Santiago y cierra España" que popularizaron los cómics del Capitán Trueno -realizados, por cierto, por un dibujante nada partidario del anterior régimen, pese a lo que pueda parecer lo contrario- encontramos el origen del patronazgo del Arma de Caballería. Santiago "y combate España", decían los soldados españoles en la Reconquista o posteriores batallas. En homenaje a Santiago: el hombre que antes de ser decapitado en Jerusalén, según la tradición, realizó un viaje por España. Su cuerpo fue devuelto a nuestro país y enterrado bajo un campo de estrellas (Compostela en gallego).
A Santiago el Mayor le costaría trabajo pensar que dos mil años después de aquellos hechos, el mundo se encontraría en guerra contra un adversario invisible, pero tenaz y mortífero como la más aguerrida de las tropas adversarias. El coronavirus, la COVID 19, o simplemente "el bicho o la cosa" (hemos llegado al punto de la familiarización) que impiden que el homenaje marcial al patrón de Caballería se celebre con el lustre habitual.
Pero se celebra: con una sencilla ceremonia sin presencia de autoridades civiles, presidida por el segundo jefe de la Comandancia General, José María Castaño y con una formación dirigida por Pablo García del Barrio, coronel de Caballería. Con un emotivo minuto de silencio en recuerdo a las víctimas de la pandemia. Seamos o no creyentes, tal vez no vendría mal aquello de implorar la protección del hombre de Betsaida para acabar con el maldito virus y recuperar, al fin, la calma y rutina.
