La decisión de contar con los televisivos José Cabrera -más conocido como doctor Cabrera- y José María Jiménez Planelles como peritos no le había salido bien hace un año a la defensa de Miguel Alonso G.D. El acusado de asesinar de un disparo a su mujer en Parques de Ceuta en 2022 acabó siendo condenado a 35 años de cárcel, en una sentencia ahora revocada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.
Sin embargo, la letrada Inmaculada Güil volvió a apoyar su tesis exculpatoria, con la que señala a la hija del acusado como autora del disparo, en los informes de ambas celebridades. El resultado se repitió, y este lunes, durante la quinta sesión de la repetición del juicio, los expertos policiales en ADN, pólvora, balística y armas desmantelaron de nuevo las afirmaciones que ambos hacen en sus informes, llegando incluso Cabrera a reconocer que había elucubrado.
La jornada comenzó -como prácticamente cada día- con nuevas peticiones previas de la abogada defensora, que en sintonía con lo visto en ambos juicios continúa introduciendo elementos de confusión para generar dudas en el jurado.
Imposible determinar la posición del tirador
Solventadas las trabas, con una hora de retraso, arrancó la práctica de prueba. Las expertas forenses y las dos figuras televisivas coincidieron en el trayecto que la bala realizó en el cuerpo de Mari Ángeles Lozano. Entrando por el brazo derecho y saliendo por la escápula izquierda en orientación descendente, tocando en su camino órganos vitales y rompiendo una vértebra antes de salir.
La entente llegó hasta ahí. "En escenarios dinámicos determinar la posición relativa del tirador se vuelve muy complejo. Hay giros, caídas y aceleraciones. Es imposible reconstruir la posición relativa de la víctima y del agresor", subrayaron tajantes las profesionales, mientras Planelles trataba de asegurar lo contrario.
Pronto se evidenció, para mosqueo del magistrado presidente, Luis de Diego Alegre, que la reconstrucción elaborada por el fanático del armamento se basa principalmente en un gesto realizado por la niña que presenció los hechos durante un interrogatorio. Cuestión que dio a entender no aprecia ni de lejos sólida como para sustentar la pericial.
Asimismo, las forenses -algo en lo que coincidirían luego expertos de la Policía Científica- explicaron que una vez la bala contactó con la vértebra, rompiéndola, es imposible determinar hacia donde puede ir la bala, que podría haber llegado a cambiar por completo de trayectoria al salir del cuerpo por el impacto.
"Este disparo no se puede hacer a propósito", repitió varias veces Cabrera, algo en lo que ninguno de los agentes especializados estuvo de acuerdo en afirmar.
"Los cuerpos no son maniquíes"
Güil insistió en que se exhibieran los vídeos de la reconstrucción de Planelles, asegurando que el tiro mortal se realizó desde abajo, no en posición erguida y que se produjo durante el forcejeo entre la hija y Alonso Miguel G.D. Todo ello en virtud de donde quedó la vaina de la bala y de donde se incrustó el proyectil.
Nada más alejado de la realidad, sin embargo, para las expertas imparciales. "Los cuerpos no son maniquíes. Nos movemos, no somos muñecos. Hay un laboratorio que científicamente nos ha dicho la distancia. Hay que entender cuerpos en movimiento, no estáticos, ni maniquíes (...) El trayecto es recitilíneo pero a la salida hay un hueso con el que golpea la bala. Trazar una recta de entrada a salida tampoco tiene base científica", zanjaron.
El ADN en el arma, una herida y la especulación del doctor Cabrera
Las agentes que analizaron el ADN del arma mortal tampoco contribuyeron a las tesis de la defensa. Planelles y Cabrera sostenían que como hay restos biológicos que podrían corresponderse con los de la niña -extremo no confirmado- en la mira, el carril, la empuñadura y el gatillo, esta tuvo que quitarle la pistola a su padre y disparar.
Sin embargo, las profesionales se encargaron de aclarar a los dos conocidos peritos que esto no tiene porque ser así y que el ADN de cualquiera puede encontrarse incluso en un objeto que no haya tocado. Ya sea porque lo haya arrastrado otra persona, porque haya hablado cerca de él emitiendo partículas de saliva o por cientos de circunstancias.
Según el testimonio de la joven, ella agarró a su padre cuando le vio con la pistola en la mano. Este se habría zafado y disparado a la mujer. Posteriormente, ambos forcejearon y se produjo la segunda detonación que dio en la nevera. La niña sufrió entonces una herida en la mano con sangrado notable.
Preguntado por si es posible que el corte pudiera habérselo realizado disparando el arma, el instructor de tiro de la Policía Local de Ceuta -que acudió hoy como testigo-perito- dijo que no. "Si te pellizca la corredera cuando estás empuñando no llega el dedo al disparador", señaló tajante, viendo más compatible que se pudiera haber ocasionado la lesión al agarrar la mano a quien disparara.
En este sentido, señaló además que el arma estaba no solo cargada, sino alimentada con una bala en la recámara que ha de subirse de manera intencional, algo que Alonso Miguel G.D. no solía hacer en su puesto de trabajo. El instructor le describió además como un buen tirador y una persona hábil en el manejo de la pistola, capaz de realizar sin problema, incluso empleando solo el brazo malo, un disparo complejo como el que acabó con la vida de su esposa.
Todos los testimonios no de parte fueron por tanto contrarios a los intereses del acusado, cuyos peritos quedaron incluso más retratados cuando la Fiscalía leyó algunas de las conclusiones a las que llegaron en el informe, como que una suerte de mano negra había borrado las huellas de la pistola: "Es una conjetura", tuvo que reconocer el doctor Cabrera.
