El Centro Universitario UNED Ceuta acoge los días 24 y 25 de septiembre las ‘Jornadas sobre Investigación e Intervención Social en Materia de Trata de Personas’, en el marco de la conmemoración del Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños. El encuentro reúne a expertos en derecho, criminología, periodismo e intervención social, con un objetivo común: visibilizar y combatir la explotación sexual y la trata de personas.
Entre las ponencias más esperadas estuvo la de Camila Ferreira, escritora y superviviente de trata, quien bajo la ponencia 'España, la Tailandia de Europa' ofrece su testimonio, el cómo sobrevivir a la trata y reconstruir la vida.
Camila Ferreira: “mi hermano mayor abusaba de mi con 5 años”
Camila Ferreira tiene 42 años y el cuerpo marcado por una historia que parece sacada de una novela negra. Balazos, cuchilladas, quemaduras, cicatrices de violencia física y emocional recorren sus brazos, su espalda, su rostro. Cada una de ellas cuenta un capítulo de un sistema prostitucional despiadado, donde sobrevivir no es solo una cuestión de suerte, sino de resistencia absoluta.
“Cuando ves mis brazos y mi cuerpo, ves balazos, cuchilladas y quemaduras. No hay superviviente de la prostitución en este país que no tenga cicatrices en el cuerpo; las del alma son otra cosa”, dice con voz firme, aunque sus ojos delatan la memoria de décadas de dolor.
Nacida y criada en las favelas de Brasil, Camila sufrió violencia desde la infancia. A los cinco años, entre constante abusos de su hermano, un golpe del mismo la dejó marcada para siempre. “Intentó matarme y sobreviví. Gracias a alguna razón sobreviví”, recuerda. Pero, esta violencia intrafamiliar fue solo el inicio de un recorrido mucho más oscuro.
A los 14 años, a Camila la vendió su propia familia. Creyó que iba a trabajar como niñera. Sin embargo, al llegar a la casa que la esperaba, no había niños: la esperaba el lujo extremo de una residencia de la época colonial, y la obligación de prostituirse. “Todavía no tenía la regla, y me vi obligada a prostituirme”, confiesa. Desde entonces, su vida fue una cadena de control, abuso y humillación.
Durante más de treinta años, ha recorrido Europa bajo la sombra de proxenetas y mafias, moviéndose de plaza en plaza, sin identidad legal, sin redes de protección. “Las familias de los proxenetas sacaban el dinero mientras yo estaba hundida en las cloacas del prostíbulo”, relata. La violencia era constante: clientes agresivos, compañeras celosas, proxenetas despiadados. “Dentro del sistema somos como leonas hambrientas: un día, solo por hacer un par de clientes más que otra chica, me apuñalaron por la espalda. Gracias a Dios sobreviví, porque mi hija me necesitaba” cuenta, entre lágrimas.
Una mujer desconocida, su gran hada madrina
El punto de inflexión llegó cuando una mujer española, "de buen corazón", la encontró llorando en la calle. “Me dijo que quería entender por qué una prostituta estaba llorando. Le dije que solo podía salir si alguien pagaba por mí. Ella pagó a mi proxeneta y me invitó a un café. En dos horas resumí toda mi vida ante ella. Desde entonces es mi madrina, mi mejor amiga, y me devolvió la dignidad”.
Hoy, Camila trabaja, tiene hijos, recibe tratamiento psicológico y ha reconstruido su identidad lejos del sistema prostitucional. Pero el pasado no desaparece: cada cicatriz es un recordatorio de lo que sobrevivió. “Romper con mi familia de Brasil fue necesario. La gente romantiza la familia, pero no todos tenemos esa suerte. Mi familia hoy son mis hijos y las amistades que hice después de salir del sistema”, afirma.
Camila no se detiene en su relato solo en lo personal. Su voz es también un grito de advertencia y un llamado a la acción. “Ninguna mujer está libre de caer en la trata. Basta un engaño: una discoteca, un viaje, una oferta que parece inocente. Yo lucho por las mujeres que aún están dentro y por las que vendrán”.
“Solo necesitaba que alguien me ayudara. Eso me salvó la vida”, concluye Camila. Su historia no es solo un relato de horror, sino un testimonio de resistencia, de fuerza y de esperanza. Es también una advertencia: mientras existan mafias, desigualdad y silencio, habrá más Camilas que necesitan que alguien les tienda la mano.
La perspectiva judicial: Aissata Kante habla sobre trata y tráfico de personas
La jueza Aissata Kante, especialista en violencia de género y trata de personas, también participa en las jornadas para ofrecer la perspectiva del sistema judicial sobre esta problemática. Según ha explicado -a través de su traductora- la trata de personas para explotación sexual, incluyendo a mujeres, niñas y niños, es un fenómeno estrechamente vinculado al tráfico de migrantes, aunque no siempre se perciba de manera inmediata.
“Muchas víctimas no son conscientes de que están siendo explotadas. Creen que su proceso migratorio es normal, cuando en realidad las mafias se aprovechan de su situación”, señala Kante. La jueza destaca que la trata de personas “es un negocio más rentable que el tráfico de drogas”, y que su detección y persecución requieren cooperación internacional entre policías, asociaciones y autoridades de los países de origen, como Senegal.
Kante detalla el procedimiento judicial: “Para actuar necesitamos pruebas. Investigamos con ayuda de la policía para identificar a las víctimas y a los responsables. El procedimiento puede variar según la legislación de cada país, pero el objetivo es siempre el mismo: sancionar a los delincuentes y proteger a las víctimas. La denuncia ciudadana es clave: sin ella, no podemos aplicar la ley ni garantizar justicia”.
Sobre el contexto en Senegal, la jueza subraya que las barreras culturales y sociales dificultan la denuncia. “El tema sexual sigue siendo un tabú. Muchas mujeres no denuncian por pudor, por miedo a que se sepa que han sido violadas, más que por miedo directo al agresor. Por eso siempre hay que proteger primero a las víctimas y luego pasar a la acción”, ha explicado.
Con estas palabras, Kante enfatiza que la lucha contra la trata requiere un enfoque integral: protección de las víctimas, cooperación internacional y un trabajo constante para romper el silencio y los tabúes culturales.
