La cuenta atrás para el Día de Reyes ya está en marcha y, como cada año, el roscón de Navidad se convierte en el gran protagonista de las mesas. En La Campanita, uno de los obradores artesanos de referencia en la ciudad, el trabajo comenzó el pasado 1 de enero, apenas tres días antes del pico máximo de ventas. Desde entonces, la actividad es frenética, con largas jornadas y una producción que depende, sobre todo, de los pedidos que se acumulen hasta el día 5.
Jornadas intensas desde el 1 de enero
El equipo de La Campanita reconoce que el arranque de la campaña no da tregua. “Ayer estuvimos desde las cinco de la mañana hasta las 21:30 de la tarde”, explican, reflejando el esfuerzo que supone sacar adelante un producto que requiere tiempo, mimo y precisión. En cuanto a cifras, no se aventuran a dar un número cerrado de roscos elaborados: todo depende de los encargos, que se concentran especialmente en las horas previas a Reyes.
Artesano frente a industrial: una ‘guerra’ de años
Desde hace tiempo existe una competencia directa entre los roscones industriales de fábrica y los artesanales. En La Campanita lo tienen claro: la clientela sigue apostando mayoritariamente por el producto hecho a mano. “Nosotros vendemos más porque hacemos cosas de calidad y buenas”, señalan, marcando distancia con los elaborados industriales, que —según su percepción— recurren a conservantes y procesos distintos.
La clave, insisten, está en la materia prima y en el cuidado durante todo el proceso. “Compramos cosas que son caras y con poco beneficio, pero no las tiene cualquiera”, destacan, subrayando que el objetivo es mantener el nivel del producto, aunque el margen sea menor.
Sabores clásicos que nunca fallan
Aunque cada año surgen nuevas propuestas, la tradición sigue mandando. Los roscones más vendidos continúan siendo los de nata y crema, a los que se suma con fuerza la crema catalana, que en La Campanita defienden como una de sus grandes especialidades.
También hay espacio para sabores más recientes y originales, como Lotus, distintas cremas y variedades de chocolate. Este año, incluso, se incorpora una propuesta que recuerda al chocolate con leche, ampliando la oferta sin perder la esencia del rosco de siempre.
Roscones para todos: también sin azúcar
La diversidad es otro de los puntos fuertes del obrador. Entre las elaboraciones especiales destaca el roscón sin azúcar, del que se encarga personalmente uno de los responsables del equipo. Una opción pensada para quienes necesitan o prefieren limitar el consumo de azúcar, sin renunciar a la tradición de Reyes.
Doce personas en el obrador
Detrás de cada roscón hay un equipo humano importante. En total, 12 personas trabajan directamente en la fabricación, a las que se suman quienes se encargan de la venta. Todos participan en un engranaje que se intensifica conforme se acerca el 5 de enero, el día más fuerte de toda la campaña.
“Ese día la gente desayuna con roscón”, explican. Por eso, en las jornadas previas la venta es más contenida y el esfuerzo se centra en preparar el volumen necesario para afrontar el pico de demanda.
La receta: ingredientes y un secreto
En cuanto a la receta, los ingredientes básicos se mantienen fieles a la tradición: harina, huevos, agua de azahar y el resto de componentes clásicos. ¿El secreto? No se desvela. “Eso lo tiene el maestro”, dicen entre risas. Aunque sí coinciden en algo fundamental: el cariño. “Puedes tener los mismos ingredientes, pero si no les echas cariño, no van a salir bien ni van a tener sabor”.
Mejores sensaciones que el año pasado
El balance provisional de la campaña es positivo. “Para mí este año es mejor que el pasado”, aseguran, recordando que tanto el día 24 como el 31 de diciembre se trabajó mejor que en 2022. La organización y la experiencia han permitido optimizar tiempos y procesos.
Eso sí, el contexto económico también se deja notar. El aumento del precio de materias primas como los huevos o la leche ha tenido su reflejo en el coste final. “Si todo sube, suben los precios”, reconocen, aunque sin dramatizar.
Tradición, esfuerzo y optimismo
Pese a las dificultades, el equipo afronta estos días con ilusión. Mucho trabajo, largas horas y un objetivo claro: que el roscón artesanal siga siendo protagonista en los hogares ceutíes. “Vamos a pasar un año muy bonito”, concluyen, deseando un feliz inicio de año y reivindicando el valor del oficio, la calidad y la tradición que se mantienen vivas cada Reyes en Ceuta.
