jueves. 04.06.2026

Gema Sánchez es paciente oncológica. Lo seguirá siendo durante años aunque en este momento su cáncer de mama esté en remisión. En los últimos meses ha visto como el pelo volvía a crecerle, como su cuerpo se deshinchaba y como, poco a poco, las evidencias físicas del cáncer han comenzado a desaparecer, pero lo cierto es que nada volverá a ser como era antes.

“Quiero que se visibilice porque la gente no es consciente”, explica en conversación con ceutatv.com, “porque tú terminas la quimio, la radio, empieza a salirte el pelito, la gente te ve mejor y te lo comenta, pero ni los médicos te dicen lo que viene después”. Y lo que ha venido después, en su caso, ha sido un tratamiento hormonal, que la obliga a tomar tres pastillas diarias y a inyectarse cada 28 días, y dolor: dolor de huesos, dolor de cabeza, malestar estomacal, descomposición, neuropatías en pies y manos, pérdida de movilidad... en definitiva, nada que se encuentre cerca del regreso a la vida normal.

Cuando la enfermedad deja de ser evidente, empieza la soledad

Y ahí es donde quiere hacer hincapié. Porque cuando el cáncer deja de ser visible, siguen existiendo otras consecuencias invisibles más difíciles de comprender, incluso por el círculo más cercano. “Te sientes más sola” y “ahí viene la depresión, las ganas de llorar porque no te reconoces, porque no eres capaz de hacer actividades cotidianas, porque subir y bajar escaleras se convierte en un mundo y porque acabas limitándote a buscar espacios seguros".

En definitiva, explica, la sensación que queda cuando las huellas del cáncer comienzan a desaparecer del plano físico es la de la incomprensión. Porque aunque el cáncer ya no esté, sigue marcando tu vida. “En mi caso estoy en remisión, eso no significa que esté curada”, explica. Siguen formando parte de su día a día “las millones de pruebas, las revisiones mensuales o el reservorio (a través del que se suministran los ciclos de quimio) implantado”.

Un miedo para el que nadie está preparado

Tampoco, ha explicado, nadie te habla del miedo. El cáncer desaparece pero los miedos emocionales y psicológicos que te ha generado se quedan contigo. Unos miedos que requieren de trabajo psicológico, de un cuidado de la salud mental, para poder seguir adelante. “La gente – insiste – no está preparada para esto”.

“Son muchas cosas y, a veces, ni siquiera tu familia es consciente”, continúa, “porque yo ya no tengo cáncer pero estas son las consecuencias”. Es por ello que reclama una mayor visibilidad de las mismas y, sobre todo, más información, no solo para los enfermos, sino también para sus familiares, de tal modo que la incomprensión a la que se enfrentan en ocasiones pueda quedar a un lado.

Y es que, confiesa, ella solo puede vivir día a día. No se puede plantear planificar a largo plazo, hacer planes para mañana o para la semana que viene, porque su situación cambia de un día a otro: cefaleas, dolores articulares o cansancio extremo marcan su vida diaria.

Las otras consecuencias del cáncer

La vida de Gema Sánchez, en cualquier caso, se parece muy poco hoy a la que era antes del diagnóstico. En su caso, y hasta que puedan reconstruirle la mama, algo para lo que pasará más de un año y medio, tiene implantado un expansor mamario que “duele y es súper incómodo”, pero además, la movilidad del brazo nunca volverá a ser la misma, “he perdido sensibilidad y movilidad”, explica. Realizar tareas simples, como darle la vuelta a una tortilla, son ya imposibles para ella.

También están las consecuencias físicas y emocionales como mujer, con un adelanto de la menopausia, para lo que sigue un tratamiento que la obliga a pincharse cada 28 días, o el hecho evidente de que uno de sus pechos es completamente distinto al otro. Esto afecta profundamente a la autoimagen y la percepción de sí misma. “Es verte así, es no poder dormir de lado, es no poder cargar peso con tu brazo...”, consecuencias que marcan el día a día.

A todo esto se suman además las consecuencias laborales del cáncer, desde el diagnóstico por “enfermedad común”, algo que reconoce que ella no ha sufrido porque desde su empresa se lo han puesto todo fácil, pero que implica percibir un menor sueldo en un momento en que los gastos médicos se multiplican.

Visibilizar la realidad tras el cáncer

Este mismo fin de semana, Gema Sánchez se abría en canal en redes sociales para tratar de lograr que se visibilicen las consecuencias del cáncer tras la enfermedad, y lo hacía con un mensaje que refleja, mejor que cualquier explicación, que entrar en fase de remisión es solo el principio, y que la información sobre la vida después del cáncer debe estar al alcance de todos.

“El tratamiento hormonal no se ve.
Pero se siente.
Y mucho.

Es despertarte con dolor.
Es no reconocerte en tu cuerpo.
Es el cansancio constante.
La ansiedad que no avisa.
Las emociones desordenadas.

No hay quimio. No hay cicatrices nuevas.
Pero hay una guerra interior.
Silenciosa. Larga. Incomprendida.

Eso también es cáncer.
Y nadie habla de ello.

Yo sí. Porque lo estoy viviendo.
Porque estoy cansada.
Pero aquí sigo”.

El cáncer tras el cáncer: Gema Sánchez y su lucha por visibilizar "eso para lo que...