jueves. 18.07.2024

 La historia de una ciudad como Ceuta raramente pueda escribirse sin la de otras ciudades. Cádiz, nuestra capital hasta hace algunos años o Algeciras, enlace con la España peninsular. Málaga, aquel gigante económico o Melilla, la hermana lejana y entrañable. ¿Por qué no?, las cercanas y vecinas Castillejos, Tetuán o Tánger. Y, ¿cómo no? Lisboa. Ciudades que han ido moldeando, a través de sus hijos, el carácter y la historia de este rincón situado en el norte de África, de esta perla entre el pecho y la garganta del mundo como decía el poema.

Lisboa: la de las siete colinas, como Ceuta y Roma -a ella, directamente, le debemos el nombre-, la tierra de San Juan de Dios, Luis de Camoens, Enrique el Navegante... o San Antonio. Porque San Antonio era lisboeta, como nuestra bandera, nuestro escudo o los principales símbolos de este cruce de todos los caminos.

San Antonio: aquel que tenía dones con los animales, que era uno de los mejores predicadores de la fe cristiana en su época. Aquel que repartió su vida entre la Lisboa donde nació, la Ceuta donde vivió o la Padua en la que murió. Aquel al que se piden milagros como la bendición de los panes, interesección contra el mal de amores o lo que cada cual quiera pedirle. A fin de cuentas, eso es la fe: conversaciones entre el creyente y el santo o Dios al que se rece. Cosa de dos, cosa de muchos.

Es trece de junio. Estamos en Ceuta. Ceuta y trece de junio: romería, calor, medalla, verbena. Es trece de junio: uno de los rincones más hermosos de Ceuta, uno de los mejores lugares del mundo para ver amanecer o morir el día cuando el sol se funde con el Estrecho en el ocaso, parece cobrar vida propia. Es una romería entrañable, tradicional; es el recuerdo a los que ya no están o la tradición que se renueva con cada niño que se acerca a ella.

Es fiesta, celebrar que estamos en verano y pronto comenzarán las vacaciones. Y como ocurre con todas las fechas señaladas, darnos cuenta de que no pasa el tiempo sino nosotros. Esta Ceuta cristiana que el lunes  volverá a estar de fiesta porque la Ceuta musulmana celebrará la Fiesta del Sacrificio. Ese capítulo que nos es común a todas las religiones nacidas en ese Mediterráneo que empieza o, tal vez, acaba en Ceuta.

San Antonio hoy; el Sacrificio el próximo lunes. Es Ceuta, la ciudad de los cuatro caminos entremezclados, en esencia y estado puro. En la ermita, este jueves, las principales autoridades de la ciudad y un Rafael Zornoza que apura sus días como obispo de Cádiz y Ceuta. A hombros de un grupo de cofrades, la imagen del santo. Y una ciudad que, por inercia o milagro, se encuentra en días como estos consigo misma. Que así sea, pues. Como dice la frase de la misa, en verdad es justo y necesario.

Ceuta se reencuentra con San Antonio y renueva una fe centenaria