Hay pregones que se escuchan y otros que se sienten. El de este año en Ceuta , ha nacido de los segundos. Rafael Mosquera, conocido como 'Faly Mosquera', legó al Carnaval con responsabilidad, con respeto… y con ese temblor inevitable cuando uno sabe que va a hablar desde la verdad.
Nunca le gustó piropear tierras que no se han vivido. Por eso su pregón no parte del tópico, sino de una pregunta honesta: por qué se enamoró de Ceuta y por qué sigue enamorado de su gente. La respuesta no está en un solo recuerdo, sino en décadas de relación, desde los años 80 hasta hoy, siempre cerca del carnaval y, sobre todo, de las personas.
Y es ahí donde su historia se vuelve aún más humana. Porque Faly no solo ha sido una gran voz del carnaval gaditano; durante más de 40 años también ha sido presencia constante en Hospital Puerta del Mar. Un lugar por el que, por desgracia, han pasado y pasan muchos ceutíes. Allí compartió pasillos, charlas, cafés y momentos de carnaval con enfermos y familiares, también con paisanos de esta ciudad que se encontraban lejos de casa. "No iba a consolar, sino a acompañar. A estar". A hacer más llevadero lo difícil.
Ese Faly, el del hospital, es el mismo que sube al escenario. El que entiende el carnaval como algo que no solo se canta, sino que se cuida. El que sabe que una copla puede ser refugio, recuerdo o simple alivio en medio del dolor.
¿Una puerta abierta al futuro?
Sobre el futuro habla sin ansiedad. Cree que "todo tiene su momento, su principio y su final". Se siente en paz con lo hecho, agradecido, más cerca de su familia y con la misma disposición de siempre: si alguien del carnaval necesita ayuda, él sigue estando ahí, a la puerta de cualquier ensayo.
Y así, el pasado jueves Ceuta no escuchó a un foráneo. Escuchó a alguien que ha compartido caminos, también los más duros. A alguien que vino a dejar un trocito de lo que siente y ha sentido por esta tierra y por su gente.
Y eso, en carnaval, es verdad pura.

