La llamada a ayudar en tiempos de crisis no siempre proviene de las autoridades; a veces nace de un impulso genuino y del sentido de deber hacia quienes lo necesitan. Así surgió la iniciativa de algunos bomberos de Ceuta, quienes recientemente regresaron de una misión de cinco días en Valencia, donde las lluvias torrenciales dejaron devastación y numerosos damnificados. Ha regresado la primera comitiva, siendo sustituida por otra de reemplazo que solo esta allí dos días.
“La idea de ir a ayudar comenzó en el parque, después de ver otras catástrofes como la de Turquía,” comenta Dani. “Nos preguntamos por qué nosotros no podíamos hacer algo similar cuando sucedía algo en nuestro propio país. Nos empezamos a formar en rescate para estar preparados.” Con esa determinación y voluntad, un grupo de bomberos ceutíes se organizó, equipó y partió hacia Valencia, impulsados en esta misión humanitaria del cuerpo.
Al llegar, la realidad superó cualquier expectativa. “Sabíamos que encontraríamos calles arrasadas y vehículos incrustados en cualquier lugar, pero aún así, el contraste fue impactante,” describe Chico. En lugar de encontrar cuerpos, los bomberos se enfocaron en labores de achique de agua y en la búsqueda de posibles desaparecidos en los garajes, muchos de los cuales se encontraban inundados. La misión requería de una constante adaptación a un escenario cambiante.
Pero lo que más los sorprendió no fue la destrucción, sino la actitud de los vecinos. “Nos esperábamos a gente destrozada, triste; en cambio, lo que encontramos fue un espíritu positivo, una solidaridad increíble. Los vecinos no solo aceptaban nuestra ayuda, sino que nos ofrecían comida, agua y hasta sus propias casas. Estaban más preocupados por que a nosotros no nos faltara nada, para que pudiéramos seguir trabajando, que por su propia situación,” relata Chico, visiblemente emocionado.
Con el paso de los días, el agotamiento físico ha comenzado a hacer mella, aunque el ímpetu de ayudar se mantenía intacto in situ. “Estábamos trabajando desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche. En el momento, la adrenalina te impide sentir el cansancio, pero una vez de vuelta aquí, te das cuenta del esfuerzo realizado,” confiesa Chico.
A pesar de las limitaciones materiales y de la dificultad para coordinar la ayuda en un desastre de tal magnitud, el equipo logró adaptarse con creatividad, recurriendo a lo que llamaban “medios de fortuna”. En un par de intervenciones, donde carecían de herramientas adecuadas, usaron palos de madera en lugar de bicheros, e improvisaron lo necesario para no dejar sin auxilio a nadie. “No podías decirle a alguien que no podías ayudarlo solo porque no tenías el equipo ideal; había que buscarse la vida,” comenta Chico.
Los rumores y las noticias falsas también añadieron una capa de estrés. Uno de los bulos más extendidos hablaba de cientos de cadáveres en un centro comercial, una información que los propios bomberos pudieron desmentir gracias a su presencia en el lugar. “Nos costó mucho convencer a algunos de los vecinos de que no era verdad. Estos rumores creaban falsas esperanzas y mucho sufrimiento innecesario,” explica Dani.
Sin embargo, tanto Dani como Chico se quedan con lo positivo. “Lo más impresionante ha sido la gente. Incluso quienes lo habían perdido todo mantenían una sonrisa y seguían dispuestos a ayudarnos,” recuerda Dani, al tiempo que su compañero añade: “La unidad de todos los trabajadores, voluntarios, bomberos, policías y civiles fue increíble. La tragedia sacó lo mejor de cada uno y nos hizo creer de nuevo en la humanidad.”
De vuelta en Ceuta, Dani y Chico descansan después de la intensa experiencia, pero confiesan que, de ser necesario, volverían a Valencia o a cualquier otro lugar donde sus manos fueran necesarias. “Si mañana nos dijeran de volver, estamos listos,” concluye Dani.
Quizá, en medio de las peores catástrofes, es cuando aflora la verdadera esencia de solidaridad y resiliencia humana.
