El Día Internacional de la Limpieza ha puesto de relieve una vez más una de las asignaturas pendientes de la ciudad: el cuidado de sus barrios.
A lo largo de los últimos meses y años, asociaciones vecinales, residentes y grupos de la oposición han advertido del deterioro ambiental en distintas zonas de la ciudad, denunciando situaciones de insalubridad que contrastaban con el espíritu de esta jornada internacional.
Príncipe Alfonso, epicentro del malestar
La Asociación de Vecinos del Príncipe Alfonso había denunciado en repetidas ocasiones un estado de abandono “alarmante”. Sus comunicados describían un panorama de basura acumulada, maleza descontrolada y contenedores retirados, lo que forzaba a muchos residentes a depositar bolsas en solares y esquinas, convertidos en vertederos improvisados.
“Lo hemos dicho por activa y por pasiva: no queremos más maquillaje, queremos limpieza real y continuada”, reclamaban. También habían recordado que, cuando la Ciudad asumió la gestión de la nueva empresa de limpieza, presentaron un recurso pidiendo mejoras específicas para la barriada. Aunque fue rechazado, se les prometió un refuerzo de recursos que, según aseguraban, “no se vio reflejado en la práctica”.
Otras barriadas también han alzado la voz
El Príncipe no había sido el único foco de quejas:
Polígono Virgen de África. En mayo de 2025, vecinos difundieron imágenes de residuos acumulados frente al Centro de Mayores, con papeles, envoltorios y botellas arrojados cada día al suelo, además del olor persistente a orina en la marquesina. La comunidad denunció un incivismo constante y pidió más eficacia en los servicios de limpieza.
Príncipe Alfonso, de nuevo. En junio, la barriada aparecía repleta de colchones, muebles rotos, escombros y vehículos abandonados frente al Hospital Universitario. Los vecinos alertaban de “un foco de infecciones” y reclamaban medidas urgentes: limpieza intensiva, retirada de coches calcinados y campañas de concienciación.
Manzanera. En agosto, el vaciado de un local desbordó los contenedores con ropa, muebles y objetos que acabaron ocupando buena parte de la acera. La acumulación obligó a intervenir a la Policía Local y a activar un refuerzo extraordinario de Servilimpce. El episodio fue un ejemplo de cómo la falta de planificación y de responsabilidad ciudadana podía colapsar un barrio entero.
Entre la dejadez institucional y el incivismo
Las denuncias habían coincidido en señalar dos frentes: por un lado, la falta de medios suficientes; por otro, el incivismo ciudadano, que agravaba la situación con vertidos ilegales y basura depositada en lugares no habilitados.
La oposición había acusado al Gobierno local de no dar soluciones estructurales, mientras que los colectivos vecinales apelaban también a la conciencia ciudadana: “El barrio es de todos y entre todos debemos cuidarlo”.
Un contraste con el mensaje del Día Mundial de la Limpieza
Mientras en otras ciudades la fecha servía para lanzar campañas comunitarias y reforzar la educación ambiental, en Ceuta se acumulaban imágenes de abandono: calles repletas de residuos, solares convertidos en vertederos y barrios denunciando sentirse olvidados.
Así, la hemeroteca de los últimos meses dibuja un retrato claro: la limpieza en Ceuta seguía siendo una deuda pendiente, pese a promesas, contratos y refuerzos anunciados.
“El abandono no se esconde detrás de palabras bonitas. Se ve en el suelo, en los muros y en los niños que juegan entre bolsas y escombros”, concluyeron los vecinos del Príncipe en uno de sus comunicados denunciando la situación.








