jueves. 04.06.2026

Hace unos días, los vecinos de la barriada José Zurrón manifestaban su preocupación ante la presencia masiva de orugas procesionarias en la zona. Según denuncian, la situación supone un peligro tanto para las personas como para sus mascotas, lo que ha obligado a muchos a evitar determinadas áreas al pasear.

La oruga procesionaria del pino es un insecto que, durante la mayor parte del año, no representa un riesgo significativo, según comenta Alfonso Morey, veterinario en Ceuta. Sin embargo, en esta época su ciclo de vida entra en una fase crítica que la convierte en una amenaza para animales domésticos y humanos. “Es en este momento cuando las orugas, tras haber madurado en las copas de los pinos, descienden al suelo en largas filas organizadas en procesión, lo que les da su característico nombre” afirma Morey. 

Para protegerse de los depredadores, las procesionarias están recubiertas de pelos urticantes, altamente tóxicos, que pueden causar graves reacciones inflamatorias en quienes entren en contacto con ellas. “Mientras que la fauna silvestre ha aprendido a evitar este peligro, las mascotas, especialmente aquellos cachorros curiosos, pueden olerlas o lamerlas, desencadenando cuadros de inflamación severa que pueden llegar a comprometer la respiración e, incluso, ser mortales en casos extremos”. En humanos, aunque es poco frecuente que un adulto toque una oruga procesionaria, los niños pueden hacerlo por curiosidad, lo que también puede provocar una reacción inflamatoria, asegura el veterinario. En caso de que se produzca ese contacto con la oruga procesionaria, Alfonso Morey manifiesta que “hay que acudir inmediatamente al servicio de urgencias, la vacunación debe ser inmediata”, ya que, “a medida que avanza empieza a inflamarse todo lo que toca”. 

Este fenómeno, que ahora mismo se encuentra en su máxima fase de toxicidad, ocurre en zonas donde predominan los pinos, y su presencia en el suelo es temporal. A medida que las orugas avanzan en su proceso biológico, se entierran para formar un capullo y posteriormente convertirse en mariposas. Sin embargo, mientras están en su fase terrestre, el riesgo de contacto es alto. Por ello, ante las medidas a tomar para evitar el contacto, se recomienda evitar paseos en zonas boscosas durante esta temporada, principalmente en los meses de febrero hasta abril. 

La oruga procesionaria, en su fase más tóxica