Raúl Fernández es el nuevo capataz del Nazareno que este Martes Santo volverá a procesionar por las calles de Ceuta tras dos años sin poder hacerlo a causa de las malas condiciones meteorológicas. Una cita que para el nuevo capataz es muy especial, por vivirla en familia, y que dejará momentos inolvidables para él y para todo su equipo no solo con el tradicional Encuentro del Nazareno y la Esperanza en la plaza de África, sino en todo un recorrido que tiene rincones memorables, como su paso por la calle Velarde o por Jáudenes.
De costalero a capataz, con ilusión y nervios
A apenas 24 horas de la salida, Fernández, acompañado de sus hijos, Andrea y Raúl, nos recibe a las puertas de la Iglesia de África donde se ultiman los preparativos. Lo hare, reconoce, con una mezcla de ilusión y nervios que es inevitable. No es para menos: después de casi tres décadas como costalero, este año le toca vivir la procesión desde fuera, como capataz.
“Muy contentos, pero también con nervios”, explica, consciente de que la responsabilidad ahora es distinta. Ya no se trata solo de sentir el paso, sino de dirigir a todo un equipo que lleva meses preparándose para este momento. Un trabajo que, subraya, no es individual: junto a él está un grupo de capataces y colaboradores que hacen posible que todo funcione.
La implicación de toda la Hermandad
Aunque su trabajo empezó hace meses, con los primeros ensayos, en estas últimas horas, se intensifica. Son muchos los pasos que se han dado para llegar hasta aquí. Tras los ensayos previos, llega el momento de montar el paso, colocar las imágenes, ajustar los varales y ultimar los detalles. Entre ellos, uno de los más visibles: las flores.
Unas flores que se preparan en la Casa de Hermandad y que durante la mañana de este Lunes Santo se trasladaban hasta el templo para completar el montaje. “Cuando terminemos con eso, ya estará todo listo”, explica.
Este proceso implica a decenas de personas y refleja el carácter colectivo de la hermandad, donde cada miembro desempeña una función imprescindible para que el Martes Santo el Nazareno y la Esperanza luzcan sus mejores galas en su salida procesional para disfrute no solo de los hermanos, sino de los centenares de ceutíes que tienen esta cita marcada en rojo en el calendario.
Una vivencia compartida en familia
Para Raúl Fernández, el Nazareno no es solo una devoción, es parte de su vida. Comenzó a salir como costalero en 1998, cumpliendo una promesa que le hizo a su abuela, y desde entonces no ha faltado a la cita.
Con el paso de los años, esa vinculación se ha extendido a toda su familia. Sus hijos forman parte activa de la cofradía desde pequeños, “desde que nacieron”. Así su hija Andrea es ya diputada mientras que su hijo será este año ayudante de capataz, incrementando año a año sus vivencias cofrades: las buenas y las amargas, como las lágrimas que Andrea no podía ocultar estos últimos años, cuando el tiempo impedía la salida.
Junto a sus hijos, también su hermano, su cuñado, su sobrino o su yerno participan en la procesión, mientras que su mujer, no se olvida de ella, apoya desde fuera. “Ella siempre está pendiente de lo que necesitamos”, señala: agua, algo de comer... “tiene que haber una persona apoyando desde fuera”, continúa satisfecho.
Y es que, “es un orgullo vivirlo con ellos”, reconoce, vivirlo en familia, consciente de que la Semana Santa, y en su caso, el Encuentro, es también una historia compartida.
El regreso más esperado
Este Martes Santo, además, no será uno más. Tras dos años en los que la lluvia ha impedido la salida, todo apunta a que el Nazareno y la Esperanza volverán a recorrer las calles de Ceuta. La previsión es buena y ni la lluvia ni el viento se convertirán en impedimento.
Un recorrido que es especial para el capataz, con momentos clave, como el paso por las calles Velarde o Jáudenes, pero que tiene un instante especialmente memorable: el Encuentro en la plaza de África, a las puertas del Palacio Autonómico, y con el Tercio Duque de Alba entonando el Novio de la Muerte.
Es, quizás, la imagen más emblemática de la Semana Santa de Ceuta, la que muchos conservan en la retina a pesar del paso del tiempo.
El Encuentro: emoción difícil de explicar
Un momento, reconoce, que para quienes lo viven desde dentro supone una emoción difícil de describir. “Se canta, se llora, se vive de una manera distinta”, explica. Es, además, un instante que marca a los costaleros, especialmente a los que lo viven por primera vez (y este año hay muchos, mucha gente joven, asegura), y que, en palabras del propio Raúl Fernández, supone el verdadero bautismo de fuego, “a partir de ese momento se convierten en costaleros del Encuentro”.
A partir de ese momento, subraya, llega la calma, pero no la relajación. Terminado el Encuentro se inicia la Carrera Oficial y todos los miembros de la Hermandad son conscuentes de la responsabilidad de completar el recorrido y devolver el paso en las mismas condiciones en las que ha salido.
Una responsabilidad que el nuevo capataz del Nazareno afronta, como nos decía al principio, con nervios e ilusión. Y es que este año ya no estará bajo el paso, pero la pasión será la misma de siempre.





