jueves. 04.06.2026

El reloj marcaba las 11 en punto cuando el silencio se apoderó del ambiente. Frente a la Delegación del Gobierno, un pequeño grupo de personas, con rostros serios y miradas perdidas, se reunió para guardar un minuto de silencio, un gesto solemne que es, en sí mismo, un grito contenido. La ocasión que los congregó fue la muerte de una mujer de 58 años, asesinada en Sevilla el pasado 28 de agosto, víctima de una violencia que no conoce tregua ni límite.

El sol brillaba alto, pero su luz no lograba mitigar la sombra de la tristeza que se cernía sobre todos los presentes. Cada segundo de ese silencio era un tributo a una vida truncada, un homenaje a todas las mujeres que, como ella, han encontrado un final brutal en el que debía ser un lugar seguro: su hogar. Con este asesinato, el número de mujeres muertas por violencia de género en España asciende a 32 en lo que va de 2024. Una cifra que duele aún más cuando se mira hacia atrás y se ve que, desde 2003, 1.276 mujeres han sido asesinadas por aquellos que alguna vez juraron amarlas.

La Delegación del Gobierno, testigo de innumerables discursos y promesas, se convirtió en ese instante en un lugar de duelo colectivo. Sin palabras, sin pancartas, solo el sonido del viento acompañaba a quienes, con el corazón encogido, recordaban a la víctima y a todas aquellas que han caído antes que ella.

Desde la Unidad de Coordinación contra la violencia sobre la mujer, se hace un llamado a la sociedad para que no mire hacia otro lado. Los recursos están ahí, siempre disponibles, pero necesitan que la mano se extienda para alcanzarlos. El teléfono 016, las consultas online a través del email 016-online@igualdad.gob.es, el canal de WhatsApp en el número 600 000 016, y el chat online accesible desde la página web son herramientas vitales en esta lucha. Están operativos las 24 horas, los siete días de la semana, listos para ofrecer no solo ayuda, sino también esperanza.

En un país que se enorgullece de sus logros en igualdad, la existencia de estas cifras debería ser un recordatorio doloroso de que la batalla está lejos de ganarse. Cada víctima es una historia no contada, un futuro robado, una familia destrozada. Y aunque los números son fríos, detrás de cada uno hay una vida que ya no está, una ausencia que se siente en el aire, en los espacios vacíos, en los silencios que, como el de hoy, hablan de la tragedia y de la urgencia de actuar.

El sol sigue su curso en el cielo, indiferente a lo que sucede en la tierra. Pero aquí, donde las personas aún se detienen para recordar, el compromiso debe ser firme: no más minutos de silencio, no más nombres añadidos a una lista que debería haber dejado de crecer hace mucho tiempo.

Silencio y dolor en memoria de una víctima más de la violencia de género