Este sábado, Ceuta volverá a detenerse unas horas para acompañar a Jesús Cautivo y a la Virgen de los Dolores en uno de esos traslados que, aunque se repiten cada año, nunca suenan a rutina. La Hermandad del Medinaceli pondrá en marcha a las 18:30 horas un recorrido que mezcla tradición, emoción y, este año, también cambios obligados por las obras.
Desde la iglesia de San Ildefonso, en el Príncipe, las imágenes saldrán en parihuelas, arropadas por sus costaleros y centenares de ceutíes que son fieles a la tradicional cita con el Señor de Ceuta. El segundo gran punto del itinerario será el Acuartelamiento González Tablas. Allí se vivirá uno de los momentos más simbólicos de la Semana Santa de Ceuta: la liberación del preso.
Este año, el indultado será un ceutí de 45 años, F.J.G.R., condenado por un delito contra la salud pública. Le queda poco más de un año para la libertad definitiva, pero su evolución en prisión, trabajo constante, permisos sin incidentes y un informe favorable de Instituciones Penitenciarias, le ha abierto la puerta a este gesto que solo unas pocas hermandades en España pueden realizar.
La novedad: no habrá capucha. Él mismo ha pedido mostrar su rostro desde que cruce la puerta del Centro Penitenciario hasta que llegue a la Casa de Hermandad. Quiere que se le vea.
Tras el acto en González Tablas, el traslado continuará hacia la avenida España, aunque este año el camino será distinto. Las obras en Hadú obligan a desviarse por avenida de Lisboa, Bermudo Soriano, Mohamed Ahmed Abderrahman y Romero de Córdoba, para enlazar con la avenida del Ejército Español y, finalmente, llegar a la Casa de Hermandad.
Una devoción que no entiende de obras ni de nubes
La Hermandad del Medinaceli lleva días con un ojo puesto en el cielo. Tras un par de días de lluvia, el sábado parece que dará una tregua. Si cae algo ligero, las imágenes se cubrirán con plásticos; si arrecia, se suspenderá. El traslado en parihuelas facilita reaccionar rápido: menos peso, más maniobra y más opciones de proteger las imágenes.
Aun así, la previsión no frena a nadie. Cada año, el traslado se convierte en un pequeño termómetro de la devoción ceutí. Centenares de ceutíes suben al Príncipe para la salida y a lo largo del recorrido se suman fieles para acompañar al Señor de Ceuta.
No es para menos. El Cristo de Medinaceli llegó a la ciudad en 1728 y procesionó por primera vez en 1929. La talla original de Fray Juan de la Concepción ha cambiado con el tiempo, pero la devoción no ha perdido ni un gramo de fuerza.

