Plaza Nicaragua, una de las recientes remodelaciones urbanas que pretendía revitalizar el entorno y fomentar la convivencia vecinal, es hoy centro de quejas y decepción entre quienes allí residen. A través de mensajes compartidos por los propios vecinos, se dibuja un panorama de deterioro progresivo, problemas de convivencia y sensación de abandono institucional.
Lo que en un principio muchos celebraban como “nuestra bonita plaza” se ha visto deslucido por una realidad cotidiana marcada por el incivismo, la falta de respeto y la ausencia de medidas correctoras. “Llamarle la atención a un niño por romper plantas y que encima te vacile”, comentaba una vecina, reflejando el hartazgo de quienes sienten que la educación y el civismo brillan por su ausencia. “Como es un niño, hay que aguantarlo”, respondía con ironía otro residente.
Las críticas no se limitan al comportamiento infantil, sino que alcanzan también a los adolescentes y jóvenes que frecuentan la zona. Varios vecinos relatan episodios de burlas, intimidaciones y actitudes provocadoras: “Un mocoso se me quedó cantando y riéndose en la cara, tuve que mirarle mal para que parara”, explica una vecina, lamentando tener que recurrir a gestos de advertencia ante la falta de autoridad visible en el entorno.
El sentimiento generalizado es el de haber pasado “de un descampado con serpientes y ratas” —en referencia al estado anterior del solar— a una situación todavía peor. “Ahora las víboras son humanas”, apunta con contundencia uno de los mensajes. Para muchos, el espacio remodelado ha generado más problemas de los que ha solucionado, especialmente ante la falta de vigilancia o mantenimiento.
Los vecinos hacen referencia a qué algún equipamiento no ha durado ni 10 meses, y critican la desigualdad de trato entre el centro "donde trabajan cantidad de personas" y las barriadas en las que desciende mucho el número de trabajadores.
Algunos vecinos expresan incluso nostalgia por el antiguo solar: “Al final pasará una desgracia y nos acordaremos de lo bien que estábamos con nuestro descampado”. Otros hubieran preferido un uso más práctico del terreno: “En mi opinión, hubiera sido mejor destinarlo a aparcamientos”. Enfatizando que el polideportivo "es el único de Ceuta que no está cerrado de noche, con la consiguiente molestia a "altas horas".
No todo el vecindario comparte la misma visión. Algunos defienden con orgullo el esfuerzo colectivo que supuso conseguir la plaza: “Orgullosa de lo que conseguimos unos cuantos que luchamos para que no fuese una mierda el barrio”. Sin embargo, incluso entre los más implicados existe la sensación de impotencia ante lo que consideran un uso inapropiado del espacio y una falta de respuesta institucional.
Una de las peticiones más repetidas es la retirada urgente de la pista de fútbol, que para muchos es el foco principal de ruidos y altercados. Asimismo, se plantea la necesidad de contar con vigilancia permanente, al menos a través de personal de los planes de empleo, como medida disuasoria y preventiva.
Una plaza que nació con la vocación de unir al barrio y que, por ahora, parece estar generando más divisiones que encuentros. La esperanza de mejora aún late entre los vecinos, pero también la certeza de que, sin medidas concretas, todo podría empeorar.

