Quizás algunos me recordéis por la historia que compartí hace unos meses junto a mi perra Lunares. Después de casi 17 años juntas, tuve que enfrentarme a la decisión más dolorosa: dejarla ir al arcoíris para evitarle más sufrimiento. Pero lo que vino después convirtió ese dolor en una herida aún más profunda.
Como muchos ya sabemos, en Ceuta no existe crematorio ni cementerio animal. La única opción que se nos ofrece es dejar el cuerpo en la clínica veterinaria para que sea trasladado en un contenedor colectivo, junto a restos de carnicería, borregos o pescado. Esa es la “despedida” que tenemos hoy para quienes consideramos a nuestras mascotas parte de nuestra familia. Una indignidad que ninguna familia merece.
Me negué a aceptar esa realidad. No tuve más remedio que colocar el cuerpo ya sin vida de Lunares dentro de una nevera de playa y cruzar el Estrecho para poder darle un adiós digno en Algeciras. Allí contraté, a través de un veterinario, una cremación individual. El proceso fue humano, sencillo y respetuoso. Yo entregué a mi perra, pagué por el servicio elegido y días después me devolvieron sus cenizas. No pedía milagros, solo respeto. Y lo conseguí. Pero a costa de un viaje absurdo y doloroso que ninguna familia debería tener que repetir.
Conté esta experiencia en un vídeo que se hizo viral. Más de 250.000 personas lo vieron. Y gracias a esa presión ciudadana, el Gobierno de Ceuta reaccionó: celebró un pleno y aprobó la construcción de un crematorio de mascotas. Fue un anuncio que sonó a victoria. Una promesa de cambio. Una muestra, pensé entonces, de que la política también podía escuchar al pueblo.
Hoy, casi cinco meses después, la realidad es otra: no hay crematorio. No hay avances. No hay soluciones. Y lo que es peor: siguen muriendo mascotas, siguen sufriendo familias, siguen repitiéndose historias como la mía, algunas con menos suerte, sin ni siquiera poder optar por una alternativa digna.
Y yo me pregunto: si el crematorio va para largo, ¿tan complicado es que la Consejería de Sanidad habilite un servicio de transporte oficial a la península? Bastaría con que la ciudad estableciera un convenio con clínicas veterinarias o empresas funerarias de animales en Algeciras. El coste podría ser asumido por los dueños, o mejor aún, por la propia ciudad. Pero al menos habría una alternativa. Un mínimo de humanidad.
Porque detrás de cada perro, de cada gato, hay una familia que sufre, que ama, que necesita despedirse con respeto. No hablamos de caprichos, hablamos de dignidad.
La Ciudad Autónoma de Ceuta no puede seguir dándonos titulares vacíos mientras entierra las promesas en silencio. No puede condenar a sus ciudadanos a una doble pérdida: la de nuestro compañero de vida y la de su dignidad en la despedida.
Ya basta. Si no sois capaces de cumplir con lo que aprobasteis, al menos dadnos una alternativa real. Porque cada día que pasa sin ella, no solo se nos falta al respeto: se nos abandona.
