jueves. 04.06.2026

Gorditos motorizados y sindicalistas indignados: la ópera bufa del parking

15 minutos gratis en el aparcamiento del Puerto / Archivo
15 minutos gratis en el aparcamiento del Puerto / Archivo

Yo, el Marqués de Almina, confieso que no esperaba que la construcción de un simple parking desencadenara una revolución comparable a la de 1936. Pero esto es Ceuta: aquí uno pinta un bordillo y enseguida hay piquetes, pancartas y señores ofendidos hasta en las pestañas.

La Autoridad Portuaria, tan amiga de la discreción como un elefante en un bazar, ha conseguido inaugurar un aparcamiento que, por una vez, funciona. Sí, funciona, aunque esté gestionado por quienes han sabido ver en cada plaza libre un pequeño tesoro urbano. Pero dejemos de fingir: la comodidad de aparcar y no morir en el intento es un lujo que esta ciudad no conocía desde los tiempos en que los coches tenían manivela.

Y entonces aparecen ellos: los adalides de la gratuidad, individuos que no caminan ni del salón a la cocina sin taxi, pero exigen aparcar gratis en primera línea como si Ceuta fuera un resort sufragado por las arcas de la Administración Central, que tan diligentemente repone los fondos para que aquí se juegue a los “gastos libres”.

Los observo desde mi balcón: barrigas prominentes que rebotan contra el volante, un sudor nervioso por tener que caminar veinte metros más… y un grito indignado: “¡Esto es un atraco!”.
Atraco sería, señores, que les cobrasen por ocupar dos plazas con ese tamaño, no por aparcar.

Y, como no podía faltar, llegan los sindicatos, esos heraldos de la queja perpetua, para elevar el espectáculo a nivel de zarzuela. Los imagino reunidos, rodeados de bocadillos de mortadela y proclamas huecas, clamando contra el pago mensual. ¡Oh, tragedia! ¡Sesenta euros al mes! ¿Qué será lo próximo? ¿Pagar por la electricidad que consumen al iluminar sus excelsas sedes?
Si los sindicatos en Ceuta dedicaran la mitad de su energía a trabajar que a emitir comunicados, la ciudad sería Singapur. Pero no: aquí se protesta, se protesta y se protesta, porque eso es más cómodo que aportar algo útil.

Así que sí, señores: el parking no es perfecto, la Autoridad Portuaria tiene la sensibilidad de un bulldozer, pero al menos ahora podemos dejar el coche sin rezarle a todos los santos.
Y si eso molesta a los gorditos del volante y a los sindicalistas profesionales, ¡tanto mejor! Una ciudad sin sus quejicas no sería Ceuta… pero yo, el Marqués de Almina, seguiré disfrutando de mi plaza, mientras ellos siguen gruñendo en las redes sociales con la boca llena.

Atentamente,
El Marqués de Almina

Gorditos motorizados y sindicalistas indignados: la ópera bufa del parking