En los últimos días, Ceuta ha sido escenario de concentraciones organizadas por los sindicatos CCOO y UGT, con una realizada el 21 de julio y otra programada para el 28 de julio a las 13:00 frente al edificio del Trabajo, en apoyo a los trabajadores ceutíes del sector de la hostelería. Además, los sindicatos no descartan una huelga durante la Feria. Si bien las intenciones de defender a estos empleados son comprensibles, estas medidas reflejan una derrota cultural que subestima el valor del trabajo y el ahorro, pilares que han sostenido nuestra comunidad. Basándome en una reflexión previa sobre los fundamentos del capitalismo, argumentaré por qué estas concentraciones y la posible huelga no abordan las raíces del problema y por qué debemos apostar por el esfuerzo colectivo en lugar de la confrontación.
El trabajo, una virtud denigrada
Históricamente, el trabajo fue un valor universal. Desde los mercantilistas hasta los textos de Benjamin Franklin o Samuel Smiles, se enseñaba que el esfuerzo, la disciplina y la responsabilidad forjaban no solo el carácter, sino también sociedades prósperas. En Ceuta, nuestros mayores encarnaban esta mentalidad: trabajar duro era motivo de orgullo, un legado que veíamos en los pescadores, comerciantes y familias que construyeron esta ciudad.
Sin embargo, desde el socialismo, y especialmente el marxismo, se comenzó a degradar el trabajo. Conceptos como la explotación, la plusvalía o la alienación han calado hondo, presentando el empleo como una carga que enriquece al patrón a costa del empleado. Esta visión, amplificada hoy por propuestas como la renta básica, ignora que el trabajo no solo genera ingresos, sino también dignidad, relaciones y oportunidades. En Ceuta, donde muchos dependen de la hostelería para sustentar a sus familias, renunciar a ella en favor de concentraciones o una posible huelga, como la que CCOO y UGT barajan, perpetúa la inacción en lugar de buscar soluciones constructivas.
La historia nos enseña lo contrario. En el siglo XIX, textos como los de Franklin y Smiles promovían el esfuerzo y la disciplina como virtudes que elevaron a las sociedades. Hoy, sin embargo, la reducción de jornadas laborales por decreto y la glorificación del ocio como liberación reflejan una mentalidad que castiga el trabajo duro. ¿Acaso una huelga o concentraciones resuelven los problemas del sector hostelero? Más bien, podrían ahuyentar a los turistas y negocios que sostienen estos empleos, agravando la situación de los propios trabajadores que las protestas pretenden defender.
El ahorro, víctima del consumismo
El ahorro, otro pilar olvidado, también merece defensa. Cuentos como *La cigarra y la hormiga* enseñaban a nuestros abuelos la importancia de la frugalidad y la planificación. En el siglo XIX, España, bajo figuras como José Echegaray, defendía el “santo temor al déficit”, manteniendo una peseta sólida sin recurrir a deudas irresponsables. En Ceuta, las familias ahorraban para imprevistos, para el futuro de sus hijos, para construir sin depender de créditos fáciles.
Hoy, el keynesianismo y las políticas de bancos centrales fomentan el gasto y el endeudamiento. La inflación devora los ahorros, y el consumismo, respaldado por medios y redes sociales, nos empuja a vivir por encima de nuestras posibilidades. Las concentraciones y una posible huelga, al paralizar la actividad económica durante la Feria, dificultan aún más la capacidad de planificar el futuro, afectando especialmente a un sector como la hostelería, donde la estabilidad financiera es clave. Países del sudeste asiático prosperan porque mantienen la disciplina y la frugalidad; nosotros, en cambio, cedemos al discurso de que el trabajo es una carga y el gasto una solución.
Una derrota cultural que podemos revertir
Hemos perdido esta batalla cultural por no defender el trabajo y el ahorro como valores positivos. Mientras países del sudeste asiático prosperan gracias a su disciplina y frugalidad, en Occidente aceptamos el marco de los críticos: el trabajo es explotación, el ahorro es aburrido. En Ceuta, donde las concentraciones de CCOO y UGT buscan visibilizar problemas legítimos, la respuesta no debería ser la paralización ni una huelga, sino el fortalecimiento del sector. No hay libros modernos que exalten el trabajo como fuente de orgullo o el ahorro como disciplina moral, pero podemos recuperar las lecciones de nuestros mayores.
Es hora de replantear el debate en positivo. El trabajo no es una maldición; es donde forjamos amistades, aprendemos y contribuimos a la sociedad, incluso en un sector tan vital como la hostelería. El ahorro no es sacrificio; es una herramienta de estabilidad que asegura nuestro futuro. En lugar de concentraciones como las del 21 y 28 de julio, o una huelga durante la Feria, propongo diálogo entre trabajadores, empresarios y autoridades para buscar incentivos que premien el esfuerzo, formación para adaptarse a los retos y apoyo a quienes ahorran para invertir en su futuro. Ceuta no se salvará paralizando su pulso económico, sino revalorizando el trabajo como acto de orgullo y comunidad.
Si seguimos cediendo al discurso de la vagancia y la protesta estéril, el capitalismo que nos ha dado prosperidad colapsará. Ceuta, con su historia de esfuerzo, puede liderar este cambio. Hagámoslo juntos.
El caballa liberal
