La ciudad se llena de luz, ruido y emoción en las horas previas al cambio de año. Las calles hierven de gente, los bares no dan abasto y cada brindis suena a despedida y a promesa al mismo tiempo. Amigos que se reencuentran, familias que alargan la noche y desconocidos que se desean un feliz año como si se conocieran de siempre.
La celebración se vive sin prisas, entre risas, música y abrazos que llegan antes de las campanadas. Copas alzadas, miradas cómplices y teléfonos que no paran de grabar un momento que se repite cada 31 de diciembre, pero que nunca es igual. La Nochevieja vuelve a ser el punto de encuentro, el cierre perfecto para un año que se va y la antesala de todo lo que está por venir.
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