Los ceutíes no se cortan y lo sueltan todo: precios que suben sin parar, atracciones que parecen de otro planeta, playas con arena que no invita ni a pisarla… y el botellón, que piden que sea libre todo el año, no solo cuando les dejan.
Un grito sincero y sin filtros de la juventud que quiere divertirse a su manera y sin límites. ¿Quién dice que no se puede cambiar el mundo en 24 horas?
¡Atentos a lo que piden!
