Esta tarde, la Biblioteca Pública del Estado Adolfo Suárez ha acogido un viaje al pasado en el que la historia, la religión y la política se entrelazaron. Dos ponencias ofrecidas por los historiadores David Chao y Marta Cendón han arrojado nueva luz sobre la toma de Ceuta en 1415, un episodio que no solo marcó el inicio de la expansión ultramarina portuguesa, sino que también dejó una huella profunda en la mentalidad medieval.
David Chao centró su intervención en analizar la toma de Ceuta bajo la óptica del principialismo y la mentalidad caballeresca de finales de la Edad Media. Según explicó, la conquista, impulsada por Juan I de Avis y sus hijos, los infantes, no fue solo una empresa militar o comercial, sino un acto profundamente simbólico. "La toma de Ceuta se inscribe dentro de la idea de cruzada, de un esfuerzo heroico que legitimaba a la recién instaurada dinastía de los Avis", señaló Chao. Aunque reconoció que existían importantes intereses económicos, subrayó que el componente simbólico y caballeresco pesaba aún más en la mentalidad de la época.
El historiador también matizó la idea de que la toma de Ceuta marcara el inicio de la Edad Moderna. "Aún estamos en el final de la Edad Media; los ideales de la caballería y la cruzada seguían dominando el pensamiento. Si bien empiezan a vislumbrarse cambios que anticipan el mundo moderno, la mentalidad del momento sigue anclada en estructuras medievales", afirmó.
Por su parte, Marta Cendón exploró la peculiar creación de la diócesis de Ceuta tras la conquista. Debido a las dificultades de asentamiento y la inestabilidad de la ciudad, los obispos ceutíes residieron durante siglos en territorio europeo, primero en el norte de Portugal, en Valença do Minho, y más tarde en Olivenza, entonces territorio portugués. "Fue una diócesis entre dos reinos, con un obispo ausente, lo cual era bastante frecuente en la época", explicó Cendón.
La historiadora también relató cómo la diócesis dependió alternativamente de la Santa Sede y de la archidiócesis de Braga, reflejando el complejo juego político entre Castilla y Portugal. Esta particular situación perduró hasta bien entrado el siglo XVI, cuando la diócesis comenzó a asentarse definitivamente en Ceuta.
Ambas ponencias destacaron también el papel simbólico de la Virgen de África, traída a Ceuta según la tradición por el infante Enrique el Navegante, como emblema de la cristianización de la ciudad y como símbolo espiritual de la conquista.
La jornada concluyó con un animado coloquio en el que los asistentes pudieron preguntar a los ponentes, en una tarde que conectó las raíces medievales de Ceuta con su legado actual.
