Vaya por delante que era interés del firmante que ustedes hubieran tenido acceso a esta entrevista días antes. Pero la mayor catástrofe natural de nuestra historia reciente, la maldita DANA, no solo ha monopolizado espacios informativos. También los mínimos criterios del buen gusto impedían hablar de otra cosa, los ánimos estaban en el levante y el pensamiento de todos. España ha estado de luto, sigue con el alma herida, y esto va a tardar mucho tiempo en disiparse.
Y es injusto, porque estos días de lluvia y dolor, de muertos y ausentes, reproche e indignación, de cañas y barro han tapado, o aplazado para mejor ocasión, historias que merecen ser contadas porque el hilo conductor de las mismas no deja de ser el trabajo, la innovación, la universalización del conocimiento y abrir las puertas del mismo a quien tiene problemas de comprensión lectora. Al frente de esta idea, que ahora desmenuzaremos, una profesora del IES 'Puertas del Campo': Celia Morales.
El próximo mes de diciembre, por ejemplo, se estrenará en una plataforma de streaming una serie de televisión que comienza con una frase inmortal y reconocible para la literatura universal: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel
Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". Cien años de soledad llega a las pantallas. Para eso se cumplen, por cierto, tres condiciones de Gabriel García Márquez: que fuera posterior a su muerte, que se rodase en castellano y con actores castellanoparlantes y que todos los exteriores se grabasen en Colombia. Pero para que podamos escuchar el momento en que a Macondo llegan los gitanos con poderosos imanes o telescopios capaces de encerrar la luz del sol o servir como poderosa arma a los ejércitos, hae falta una sincronización perfecta entre el actor y el sonido. Una exageración de los sonidos como pájaros, lamentos, ladridos, incendios, que se graban con instrumentos cuasi artesanos para luego ser perfeccionados. Es el método Foley. "son técnicas de producción de efectos sonoros. El 90% de lo que vemos, sincronizado, esta creado con una sala: lluvia, pájaros, etc. Se crea en una sala para que el espectador pueda sentir bien las emociones. Imaginemos que el protagonista está en un parque sentado y suenan los pájaros. Todo eso se crea en un estudio. Lo entendemos y pensamos. El efecto sonoro lo grabamos, lo recogemos, ponemos la voz en off y lo sincronizamos".
Lo entendemos y pensamos. Esa es la clave: "El proyecto está centrado en crear entornos inclusivos. Alumnos que pertenecen a aulas especializadas. Decidimos incorporar el mundo del sonido para facilitar la competencia lectora. Por ahí podíamos encontrar una puerta lateral al área del lenguaje".
Lo interesante, como tantas veces "no es el final sino el camino. Que el alumno que no pueda leer transite por la historia como un buen lector. En su imaginaciónn va recreando el contexto, pero no decodificamos la letra, sino que lo hace a través del sonido o la manipulación del objeto". Y otro detalle: no sólo han participado alunmnos con necesidades educativas especiales, "sino también del aula ordinaria. Seis son de aula específica, 28 del aula ordinaria y todos tienen entre 12 y 17 años".
Pero ¿imaginar qué quiere decir el protagonista de la novela, tratar de intuir el tono de voz -volviendo a Cien años de soledad- de las quejas de Úrsula Iguarán o las pisadas de los soldados entrando en Macondo?. ¿No es ese, imaginar, el sentido exacto, el asunto nuclear, de la lectura? "En efecto, pero esto es una puerta lateral para llegar al mismo destino".
Celia Morales Yáñez recibió la semana pasada el premio concedido por la Fundación José Manuel Lara en Andalucía, Ceuta y Melilla, al mejor proyecto educativo. Lo hizo en la Feria del Libro hispalense y en un espacio con un nombre significativo: Hermanos Machado.
