El Día Internacional de la Educación, proclamado por las Naciones Unidas, es mucho más que una fecha en el calendario: es un recordatorio del poder transformador de la enseñanza. Cada 24 de enero, el mundo se une para reflexionar sobre los avances, desafíos y metas pendientes en el acceso a una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos. En Ceuta, una ciudad caracterizada por su diversidad cultural, la educación es mucho más que una herramienta para transmitir conocimientos: es un proceso que moldea vidas, crea oportunidades y construye comunidades.
Elvira Curiel es docente en la Universidad de Granada y referente en la formación de futuros educadores, encarna esa vocación que inspira y transforma. Su historia y su perspectiva como educadora nos llevan a reflexionar sobre la importancia de la enseñanza en un mundo en constante cambio.
La trayectoria de Elvira en la enseñanza no fue planeada desde el principio. “Yo tenía claro que quería ayudar a los demás y pensé en la medicina. Pero, por cosas del destino, acabé en pedagogía, y desde el primer día que entré en la Universidad de Granada supe que había encontrado mi camino.” Lo que comenzó como un enfoque hacia la investigación terminó siendo un amor por la docencia. “Al principio no quería ser profesora, pero cuando empecé a dar clase, descubrí que mi verdadera pasión era enseñar. Mi meta ahora es que mis estudiantes, futuros maestros y maestras, sean no solo mejores docentes, sino también mejores personas.”
Para ella, la enseñanza va mucho más allá de los libros y los exámenes. “La educación con mayúsculas abarca todos los aspectos de la vida. Aquí surge el concepto de la educación integral, “un proceso que debe involucrar a las familias, a los profesionales y a toda la sociedad.” Fomentar valores como la empatía y la solidaridad, dice, es una responsabilidad compartida. “Los docentes debemos reflexionar sobre nuestro propio comportamiento, porque enseñamos con el ejemplo. Además, el clima del aula y las tutorías son herramientas esenciales para educar en valores.”
Elvira recuerda con especial cariño una experiencia durante su primer año como profesora sustituta. “Terminé el temario antes de tiempo y ofrecí una clase opcional, sin pasar lista. Pensé que no vendría nadie, pero todos asistieron porque disfrutaban aprendiendo conmigo.” Otro momento significativo fue cuando la eligieron como madrina de dos promociones de estudiantes. “Compartir cuatro años con ellos, ver cómo evolucionan y estar presente en un momento tan especial es muy gratificante.”
Cuando se le pregunta cómo imagina la educación dentro de 20 años, Elvira es cauta pero optimista: “Las herramientas y los métodos cambiarán, pero espero que las bases fundamentales no se pierdan. Leer bien, escribir bien y saber expresarse son habilidades que debemos conservar en un mundo cada vez más digitalizado.” Aunque reconoce que la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías pueden enriquecer el proceso educativo, subraya la importancia de no perder el foco en el aprendizaje humano: “La tecnología no debe alejarnos de lo esencial: formar ciudadanos críticos y capaces de aprender durante toda su vida.”
Un mensaje para el futuro. En el Día Internacional de la Educación, Elvira tiene un mensaje claro para quienes están comenzando su camino en la enseñanza: “La educación es una de las profesiones más importantes para la sociedad. No pierdan nunca la ilusión de transformar vidas. Cada día que enseñan, están ayudando a alguien a ser mejor, a descubrir su potencial y a transformar su entorno. Ese es el verdadero valor de la educación”.
En Ceuta, donde la educación actúa como un puente entre culturas, el trabajo de docentes como Elvira nos recuerda que enseñar no es solo un acto académico, sino un compromiso con la sociedad y sus futuras generaciones. En cada aula, en cada interacción, la educación sigue siendo la fuerza que impulsa el cambio y construye un futuro mejor para todos.
