miércoles. 21.02.2024

De Alvaro Siza, autor del auditorio y manzana del Revellín, siempre han destacado sus seguidores una innata capacidad para jugar con los volúmenes y formas. El arquitecto portugués lo plasma, por ejemplo,  en un espacio expositivo en el que parece encontrarse esa facilidad de retorcer volúmenes del arquitecto con los del fotógrafo que desde hoy acoge "La insignificancia del hombre", la muetra que llega a través de Miradas


Este otro artista de los volúmenes es Marcel Van Balken. 1.250 muestras jalonan la trayectoria del autor de la última exposición que Miradas inaugura en el Espacio FIATC. Y como el nonagenario portugués, el fotógrafo holandés juega con las formas y los volúmenes de un modo impresionante.

Varias de las fotografías/ Dani Hernández
Varias de las fotografías/ Dani Hernández

Sitúa al ser humano en el centro de todo. Pero el hombre al que retrata Van Balken no es un hombre gigante, protagónico, en el centro de todo como los pintores del Renacimiento.  No. Es un convidado de piedra, parte del paisaje,  un detalle pequeño pero fundamental en un mundo de simetrías perfectas entre la luz, la sombra y la arquitectura. El protagonista es el entorno: la sombra, la luz, el volumen, el edificio. Es un canto a la simetría, al encuentro entre el ser humano y la arquitectura a la que entrega el alma de sus ciudades y espacios comunes. Y todo en un medido blanco y negro, con el punto justo de iluminación. Una genialidad, en síntesis, para paladear con tiempo y a sorbos pequeños.
Nada de grandes catedrales o monumentos hiperconocidos. Arquitectura urbana, de grandes ciudades, de espacios impersonales. El trazo sencillo pero medido  que marca la arquitectura de la pasada centuria. La pista que, cada uno a su manera, compartieron Gaudi, Foster, Le Corbusier, Niemeyer o un portugués cuyo nombre estará ligado para siempre al corazón urbanistico de Ceuta desde que hace algo más de una década inaugurase una de sus últimas obras.

La insignificancia del ser humano o la grandeza de la fotografía