viernes. 14.06.2024

Carlos Lorda creció, como tantos aquellos que nacieron en los últimos años del franquismo o en plena Transición, fascinado por el cine y un invento que llegaba a los hogares españoles: el vídeo y los video-clubs. Aquellos Faraldo, Glori, Hollywood o Manhattan que suministraban, en el caso de los ceutíes, de horas y horas de cine a cambio de una cuota mensual o del alquiler del último título que había llegado a las estanterías de aquellos comercios en los que los padres alquilaban cintas en VHS o Beta mientras los niños admiraban esas gigantescas réplicas de cartón y a tamaño real de Darth Vader, Superman o Indiana Jones que solían, cortesía de las distribuidoras, decorar esos locales. Era un fenómeno mundial. A miles de kilómetros, un adolescente conseguía su primer empleo en un video club, por aquella época. No solo alquilaba, sino que veía todos los títulos que entraban por las puertas de su local. Esas decenas de horas viendo cualquier cosa que pudiera reproducirse en un vídeo sirvieron, según el mismo admitió, al joven Quentin Tarantino de base para convertirse en uno de los grandes directores de todos los tiempos.

Carlos Lorda, en su estudio/ Juanjo Coronado
Carlos Lorda, en su estudio/ Juanjo Coronado

A Lorda le llamaba la atención el género del terror, el maquillaje. "Empecé comprando aquellas revistas ochenteras en las que venían algunos trucos para maquillar. No tenía mucha idea, la verdad, pero a partir de ahí comencé a hacer mis trabajos". Y a nacer una vocación que le llevó a entrar en contacto, como autor de máscaras y maquillajes, con algunos de los estudios más importantes del mundo. Años y años de genialidad, de trabajo. Y lamenta que un contratiempo personal no le haya, por ejemplo, permitido trabajar con Ridley Scott en alguna pelicula a estrenar próximamente. Una pista:el protagonista NO era corso..

Máscara original usada para el maquillaje de Linda Blair en 'El Exorcista'/ Juanjo Coronado
Máscara original usada para el maquillaje de Linda Blair en 'El Exorcista'/ Juanjo Coronado

Idas y venidas entre los trabajos para el cine y televisión (El Laberinto del Fauno, Rescate en Mogadiscio, Blood Treasure o la revisión de Historias para no dormir), y el mundo de los tatuajes, que son su 'pan' y el negocio que ahora comparte con sus hijos. Idas y venidas y un buen número de contactos en el cine a través de los que ha podido acceder a auténticas joyas del séptimo arte. Por ejemplo, los moldes originales que los estudios realizan con sus caras a los actores para trabajar directamente sobre ellos con los maquillajes y así ir a 'tiro hecho', evitando experimentar sobre la cara del artista. Los de Arnold Schwarzenegger o Linda Blair (la niña de El Exorcista) lucen en la pared de un local en Zurrón. Como también lo hacen, en sitio aparte y destacado, los de Bela Lugosi, Boris Karloff o Vincent Price.

Un local, el de su empresa, que se va a convertir en el Museo del Horror. Al margen de estos trabajos, máscaras elaboradas por el y sus hijos de Cristopher Lee vestido de Drácula, el personaje de It o Gollum. Fantasía y misterio en un local que "queremos convertir en museo, que incluso vengan los turistas. Si se es aficionado al cine, seguro que se disfruta, como lo hace su propietario. "Esta es mi casa, prácticamente vivo aquí", dice mientras sus ojos transmiten el brillo propio de quien habla de algo con pasión o devoción.

Cristopher Lee, caracterizado como Drácula/ Juanjo Coronado
Cristopher Lee, caracterizado como Drácula/ Juanjo Coronado

De la sección de maquillaje de aquellos Superpop y demás a trabajar "con tios que han ganado Oscars" y para los grandes estudios de Reino Unido, Francia, Alemania o Estados Unidos. La historia de un chico de Zurrón que ahora quiere legar, en la galería comercial de su barrio, un hueco a los amantes del cine.

El 'Museo del horror' de Zurrón